jueves, 14 de diciembre de 2017

CHINA: NO ES CARIDAD. ES JUSTICIA, Fr. Jose Ángel López Legido


Seguro que con la frase del título ya tengo a los exégetas, moralistas, etc. en mi contra, pero, antes de juzgarme, permítanme primero comenzar a relatar mi experiencia como administrador del proyecto educacional y caritativo de SP Edify en la provincia de Yunnan (China), mediante la construcción de escuelas y proyectos de desarrollo social.
 
La primera vez que fui allí fue en 2001. La zona es preciosa desde el punto de vista turístico, pero durísima desde el punto de vista humano. Está habitada por miembros de la minoría étnica Miao, también conocidos como Hmong.
 
Una familia amiga china había oído hablar de la zona y de lo difícil de la situación allí, así que me animaron a ir con ellos a hacer una primera visita exploratoria. Pero nada de lo que me había dicho esta familia me había preparado para recibir el primer impacto emocional cuando pude ver la situación por mí mismo.
 
Es difícil imaginar que, ya en el siglo XXI, pueda haber zonas sin agua, sin electricidad, sin carreteras, sin médicos y, por supuesto, sin escuelas. Para empeorar las cosas, los Miao que residen allí son ilegales (allí los llaman “gente negra, lugares negros”) simplemente por haber emigrado a esta área sin el permiso de las autoridades, por lo que sufren una gran discriminación no solo por parte del resto de minorías étnicas de la zona, sino también por parte de las autoridades.
 
Solo como botón de muestra de la pobreza y situación humana de los Miao allí, transmito el siguiente testimonio personal del P. Lucio Gutiérrez, quien me acompañó en una ocasión, que “no había visto pobreza igual en ningún lugar en toda la vida, y eso que había pasado más de 30 años en Filipinas…”
 
Recuerdo perfectamente el interés con el que fuimos visitando a las familias, viendo sus condiciones de vida, escuchando sus relatos de enfermedades, maltrato y, en definitiva, de su impresionante pobreza. Era fácil ver posibilidades para hacer algo por ellos, porque cualquier cosa que se hiciera ya sería un gran servicio a aquella comunidad. Hacer algo a partir de cero no es difícil. También era fácil ver cómo nos miraban: primero con recelo porque no sabían la intención de nuestra visita, pero después de saber que estábamos intentando ayudarles, su mirada y actitud cambió y se podían palpar las expectativas que generaba nuestra visita. Nos miraban casi como dioses dispuestos a hacer algún “milagro”, o como magos dispuestos a sacar algo nuevo de la chistera.
 
Lo que no sabían ellos era lo que esta visita estaba generando dentro de nosotros mismos, hecho que se puso de manifiesto claramente en las casi 4 horas de coche el viaje de vuelta. Nos habían metido en crisis, tanto a la familia china (cristianos nuevos), como a mí mismo. Pasamos muchos kilómetros en completo silencio, solo roto por algún comentario aislado que no era bienvenido por nadie, porque todos queríamos hablar de algo más profundo, pero ninguno nos decidíamos a comenzar… hasta que comenzamos.
 
¡Qué fácil es sentirse importante cuando yo soy el que da o puede dar y el otro es el que recibe!, ¡Qué gratificante es poder decir “voy a hacer esto por ti, voy a darte esto”, cuando yo soy el que tiene todo y la otra persona carece hasta de lo más imprescindible!, ¡qué fácil es crear una situación de dependencia humana en un trato humano que, de este modo, es de total injusticia!
 
Y, sin embargo, ¿qué es lo que nos diferencia a ellos y a nosotros? No somos diferentes en nada. Ni ellos han hecho nada para merecer la situación en la que se encuentran, ni nosotros nos hemos merecido vivir como vivimos. La diferencia radical entre ellos y nosotros es que ellos han nacido allí y nosotros hemos nacido en un país diferente, en un lugar diferente, en una familia diferente.
 
Si yo hubiera nacido en Zhangpojiao (unos de los lugares en los que trabajamos) estaría también con la cara y la ropa sucia porque no tendría agua para lavarme, no sabría ni leer ni escribir porque no tendría oportunidad ni dinero para ir al colegio, comería exactamente la misma comida todos los días del año, etc., etc. Solo la fortuna nos diferencia y, en esto, ni nosotros somos merecedores de la nuestra, ni ellos son culpables de la suya. Dependemos de la cama en la que nacemos, y eso no lo hemos elegido nosotros.
 
Esto nos hace cristiana y humanamente responsables de hacer algo por ellos, no por el hecho de hacer caridad, en el sentido de darles una dádiva, sino por puro sentido de justicia que nos obliga a compartir lo que tenemos con los que no lo tienen, a redistribuir lo que Dios nos ha regalado con aquellos que, por desgracia, no tienen ni aquello que nosotros desecharíamos.
 
El proyecto social y educativo de SP Edify está, por tanto, basado en un profundo sentido de justicia y de generosidad y esto lo inculcamos a todos los profesores y estudiantes del Colegio San Pablo de Macau, quienes son los principales colaboradores del proyecto. Cada día se insiste más en que la solidaridad entre los seres humanos no es opcional, es obligatoria. Esto asocia la solidaridad con la justicia.
 
Aparte de esto, doy testimonio de que, en esta relación con los Miao, creo que hemos recibido mucho más de lo que hemos contribuido. Hemos recibido verdaderas lecciones de humanidad, de cómo una persona puede ser feliz en la pobreza, y también verdaderas lecciones de fortaleza de fe, de lo que realmente significa poner la vida en las manos de Dios.
 
Nuestra relación ha sido y es hoy día una relación en la que todos hemos salido ganando. Pero es mi opinión que nosotros hemos ganado aún más que ellos. ¿No es también injusto?
 
En posteriores entregas, iremos relatando todo lo referente a SP Edify, lo que hemos hecho, las dificultades que hemos encontrado, etc.

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OBJETIVO AMANECER: ESCUELAS DE LA ESPERANZA
Pagar el salario de un profesor a lo largo de un año completo, es decir, esperamos llegar, con la ayuda de nuestros lectores, amigos y simpatizantes a reunir, antes del 31 diciembre de este año la cantidad de 2.124 euros.

Puedes colaborar con este proyecto enviando la cantidad que estimes oportuna -más abajo tienes el número de cuenta- a nuestra entidad bancaria, especificando en la transferencia “Escuela Daoming”.

También puedes donar en persona en cualquiera de nuestras casas, conventos, colegios o parroquias, señalando el mismo destino: “Escuela Daoming”.

AMANECER se encargará de hacer llegar los donativos al Colegio San Pablo de Macao.

SP Edify se financia EXCLUSIVAMENTE de donaciones recibidas y garantiza que el 100% de las cantidades donadas son usadas exclusivamente en el proyecto. Todos los gastos de administración corren a cargo del Colegio San Pablo.



miércoles, 22 de noviembre de 2017

SOBRE MI PREDICACIÓN: TAMBIÉN SE PUEDE SER MISIONERO ITINERANTE A LOS 80 AÑOS, Fr. Chus Villarroel OP

Me piden compartir alguna experiencia del tipo de predicación que yo realizo. Entre los distintos areópagos -me hace gracia la palabra- en que nos dividen a los predicadores de la provincia para dar testimonio, a mí me han colocado entre los itinerantes que van un poco por libre. Así lo entiendo yo. Voy a hacerlo con mucho gusto.

Desde hace unos cuarenta años vengo pidiendo a mis superiores que me dejen libre para una predicación itinerante. Lo he conseguido ahora a los ochenta, cuando casi no me puedo mover. No me quejo, pienso que hicieron bien. Así he tenido que pasar por una serie de cargos como prior, párroco, maestro de estudiantes, un profesorado continuado y otras cosas menores que me han hecho mucho bien y me han dado experiencia teniendo que cargar con el peso de otros.
 
Sin embargo, con más o menos libertad de movimientos siempre he cultivado la predicación. Lo de la libertad siempre ha sido un anhelo. Ahora mismo estoy temblando porque sólo me permiten novecientas palabras y ya llevo ciento ochenta y dos. Mi predicación ha sido de ejercicios espirituales, charlas, conferencias, novenas etc., en los más diversos foros. A excepción de los jesuitas, creo que no queda ninguna Orden o congregación de cierto peso en la que no haya predicado, en su parte masculina o femenina o en ambas.

Lo que me ha pasado es que casi en ninguna parte donde he predicado me han vuelto a llamar con lo que he podido llegar a más sitios. Las superioras siempre me han pedido que exhortara a sus monjas a ser buenas y a cumplir las constituciones cosa que yo no he hecho. Iba, más bien, a una conversión más profunda. Para ello he predicado un evangelio que pone en cuestión nuestra instalación y aburguesamiento. He proclamado desde el kerigma a un Jesús vivo, resucitado, que actúa en nosotros por medio de su Espíritu Santo.

Donde más he predicado, con otros doce compañeros dominicos, ha sido en la Renovación carismática que es una corriente de gracia en la Iglesia ya con cincuenta años de recorrido. De esos cincuenta, he estado unido a ella algo más de cuarenta y eso me ha permitido hacer camino, entender lo que es un pueblo en marcha y, por tanto, una predicación no sólo comunitaria sino en continuo crecimiento y profundización. Por esa razón me he visto obligado a formular, tarea muy dominicana, muchas de las experiencias nuevas que teníamos a la vista en ese caminar, escribiendo libros y renovando cada día la palabra predicada. Todo lo que he predicado, en lo que llevamos de siglo, lo he grabado por exigencias del mismo pueblo a quien sirvo, de tal manera que, en este momento, sin contar la predicación en la parroquia, ya llevo grabadas en Mp3 unas treinta gigas, lo cual significa al menos cerca de un millar de charlas.

Pienso que una palabra que no crea comunidad no acerca suficientemente a Jesucristo. Y eso sucede con el pueblo y con el predicador. De todo esto uno no sabe nada hasta que no va sucediendo con el paso del tiempo. Pienso que la obra del Espíritu Santo es lenta y respeta las condiciones tanto del predicador como las del pueblo que se está formando. Estoy convencido, eso sí, de que todo dominico que acierte con el lugar adecuado para ejercer el oficio de predicador va a recibir el carisma de la predicación, y no sólo me refiero a los frailes sino también a las monjas y a los terciarios, cada uno a su manera, pero identificándose por una unción de base que se puede retrotraer hasta el mismo Santo Domingo. A mí la predicación, sobre todo la de los carismáticos por hacerse en comunidad y pueblo, me ha hecho descubrir el carisma de la predicación.

La santa predicación de Jesucristo que ejercía Santo Domingo es ahora más urgente que en su tiempo. Entonces había que formar la fe a causa de los herejes y por eso la predicación dominicana era doctrinal pero ahora ha desaparecido la fe en muchos y vivimos en una cultura pagana con lo que la predicación doctrinal ya no hace diana y debe ser cambiada por una kerigmática mucho más incisiva. Ahora no se trata de formar o convencer sino de quebrantar los corazones endurecidos por el ateísmo y el racionalismo. Ahora el Espíritu Santo tiene que implicarse más en la tarea.

Para mí la predicación ha sido dura porque la he centrado en el tema de la gratuidad de la salvación en Cristo Jesús. La suerte es que he tenido varios compañeros dominicos con los que he caminado y llevado el tema adelante. Fuera de eso he tenido que sufrir denuncias y acusaciones por doquier y sobre todo la incomprensión generalizada. El Papa actual en una homilía en Santa Marta el 15 de octubre de 2015 dijo que la doctrina de la gratuidad de la salvación en Cristo Jesús es la verdadera. Con este apoyo pienso que pronto irá cambiando todo.

En estos últimos años lo hago a través de videos en YouTube y en diversas páginas web y digitales. La experiencia es buenísima. Por los testimonios que recibo de todo el mundo, me doy cuenta que la predicación hoy día tiene posibilidades infinitas. Solo me quedan trece palabras: te deseo, lector, que encuentres una buena predicación en tu vida.

jueves, 16 de noviembre de 2017

EL DESAFÍO DE FORMAR JÓVENES MISIONEROS EN MACAO, por Fr. Javier González OP


Macao, ese histórico rincón del Lejano Oriente que para muchos hoy evoca aventura, casinos, luces, glamour y juego… tiene, para nosotros dominicos, un significado muy distinto: es ante todo un lugar… ¡con sabor a misión! 



Viene siendo costumbre para mí en los últimos años dar un curso de un mes en la Universidad de San José, en Macao. Es una invitación anual (a veces semestral) que acepto con gusto porque me brinda la oportunidad de enseñar, práctica muy ligada a nuestro carisma dominicano.  Tanto es así que se ha convertido para mí en una pequeña experiencia de predicación.

 
Mis clases tienen lugar en el antiguo Seminario de San José, un edificio majestuoso, ligado a la historia de la Iglesia en Asia y a las misiones de China continental.

 
Cada mañana, con mi ordenador al hombro, camino desde nuestro convento de Santo Domingo al Seminario. Es un paseo agradable por las angostas calles de lo que hasta hace poco fue colonia portuguesa. A mi paso por el casco histórico de la ciudad dejo a un lado la catedral, las ruinas de San Pablo, la iglesia de Santo Domingo, el Leal Senado y otros edificios coloniales, cuya belleza y ubicación me obligan invariablemente a levantar la vista y contemplarlos. Por un momento me sacan de mis pensamientos y me recuerdan dónde estoy.

 
Mirando la fachada de la Iglesia de Santo Domingo, la más antigua de Macao, me quedo admirado de su hermosura; pero aún más me cautiva el embrujo de su entorno: imagino a frailes dominicos en sus hábitos entrando y saliendo desde 1587, fecha en que se terminó su construcción, supervisada por tres dominicos españoles. Me adentro en ella y veo por doquier símbolos dominicanos (Santo Domingo, la Virgen del Rosario, emblemas, etc.) que la convierten para mí en algo entrañable, algo mío, que me hace sentir en casa.

 
¡Qué privilegio para nosotros, dominicos, estar hoy en Macao! Una presencia soñada por nuestros mayores, algunos todavía conocidos por mí, que murieron sin poder entonar su nunc dimittis, algo que hoy sí hubieran hecho con emoción si hubieran visto nuestro estudiantado con jóvenes de distintos países en su hábito dominicano, estudiantes preparándose para ser misioneros tras la huella de Domingo de Guzmán…

 
Pensando en esos jóvenes y mirando al reloj subo la empinada cuesta que conduce al Seminario. Pronto aparece ante mis ojos la forja de la entrada.  Dentro del patio están ya algunos estudiantes, los más madrugadores, esperando la llegada de sus profesores y el comienzo de las clases. Algunos de ellos son nuestros hermanos dominicos; otros, diocesanos o de alguna congregación; hay también aspirantes dominicas de varias nacionalidades, sobre todo de Myanmar y de Timor Leste… En total, un puñado todos ellos, no muchos. Me alegra ver sus caras sonrientes. Saben que están preparándose para su futura misión de predicadores. Al acabar sus estudios irán a distintos países, pero “enviados”, que es lo que les convierte en misioneros.

 

Durante la clase tratan de mantener su atención: la mayoría lo logra, bien sea tomando notas o haciendo preguntas; a algún otro le cuesta concentrarse. Es comprensible que a veces no puedan impedir a su mente volar a sus países y pensar en sus seres queridos: padres, hermanos, amigos, casa y tierra que allá dejaron… Pero estos jóvenes misioneros han hecho una opción en su vida; y su vista está puesta en el horizonte. El estudio, las clases, los libros…, son bártulos imprescindibles en su camino.

 

A media mañana hacemos una pausa. Es hora de cambiar de aire y de tomarnos un café junto con algunos otros estudiantes y profesores. Después reanudamos la clase hasta el mediodía. “¿Qué les quedará de esta experiencia académica?”, me pregunto. Y me respondo: Olvidarán seguro lo que han oído en clase, pero les quedará un poso de conocimientos que luego se traducirá en cultura, en competencia, en libertad, en autoconfianza. Junto con un recuerdo imborrable: ¡los años estudiantiles no se olvidan!

 

Es tiempo para mí de volver a casa para reunirme con mi comunidad, descansar un poco y preparar las clases del día siguiente. Cuesta abajo, diviso por encima del contorno colonial grandes edificios con nombres de hoteles, casinos (¡estamos en la meca del juego!) y la inconfundible Torre de Macao, desde cuya cima (338 metros) muchos aficionados encuentran sus delicias en arrojarse al vacío sabiendo que antes de tocar el suelo una cuerda va a permitirles repetir la proeza. Dicen que el thrilling de la caída causa adicción.  Yo desde luego no pienso darle una oportunidad. 

 

En mi camino hacia casa el adoquinado de las callejuelas céntricas de la ciudad, en subida y bajada, me trae memorias de héroes, de mártires, de tantos misioneros que las cruzaron en su camino hacia China para difundir el evangelio. El rastro de San Francisco Javier, fallecido a 60 kilómetros de esta ciudad, sigue visible. Mis pensamientos ahora vuelven a su cauce: a mi vida, a la clase de mañana, a los correos electrónicos que esperan respuesta, a los retos acuciantes que hoy tiene la Orden… Todo aparece urgente e importante. Pero para mí nada lo es tanto como el momento presente: esta experiencia humilde y sencilla de estar un tiempo en Macao formando jóvenes, futuros misioneros, predicadores del Evangelio que a su tiempo serán enviados por el mundo. Son hoy un grano de mostaza que Dios está haciendo germinar; una pequeña siembra que tenemos que regar…

 

Al compartir esta experiencia pienso en los jóvenes lectores de AMANECER, algunos tal vez con inquietud vocacional: ¿alguien se apunta a esta aventura misionera? Pienso también en mis hermanos dominicos, algunos con horizontes ya casi apagados: ¿por qué no darle una nueva oportunidad a nuestra fe y a nuestra vida consagrada? ¿Por qué no dejarle a Dios que transforme nuestras actividades diarias en pequeñas historias de predicación?

sábado, 28 de octubre de 2017

ARCAS REALES (VALLADOLID): SESENTA AÑOS AL RITMO DE LOS JÓVENES Y DE LAS ÉPOCAS, por Javier Grande

El colegio de las Arcas Reales de Valladolid educa, desde 1954, a muchachos de muy diversas edades. En esta última época acuden ya niños y niñas de un año de edad, incluso menos, hasta jóvenes de 20, 23, incluso 25 años de edad. Aunque nació como un vivero de nuevos predicadores, ha tratado de adecuarse al nuevo tiempo, tratando de no perder ese objetivo inicial, predicar y difundir la palabra de Dios.

En un mundo, por desgracia, cada vez más secularizado, ya no es el sentimiento religioso la principal razón por las que las familias eligen el colegio de sus hijos. Se contempla, y muchos nos piden que procuremos a sus hijos esa educación religiosa de la que carecen ya incluso los padres de los alumnos más jóvenes. Porque ya no es la familia el lugar donde los niños y niñas toman el primer contacto con Dios. Quizá los que pasan un buen tiempo con los abuelos sí pueden conocer a Jesús a través de los relatos, pero ahora debemos ser nosotros los garantes de la transmisión de la fe.

¿Y qué hacemos en el colegio para garantizar que el regalo que supone el conocimiento de Dios llegue a los más de 450 chicos y chicas que acuden a diario a nuestro colegio? ¿Cómo asegurar que puedan ser conocedores y poseedores de la Verdad y, además, de los valores que nuestro padre Santo Domingo nos legó? Desde el Departamento de Pastoral, acompañados y dirigidos por el Padre Ramón, tratamos de enseñar los valores cristianos y dominicanos de diversas maneras, entre las que citamos algunas a continuación.

Cada mañana, el comienzo de la jornada está presidido por la Oración de la Mañana, desde los 2 hasta los 9 años. Rezamos juntos cada día alumnos y profesores en cada clase. A partir de los 10 años, esta oración matinal tiene lugar en cada aula y comienza con la lectura del Nuevo Testamento, le lectura diaria del Evangelio, con una pequeña reflexión posterior y una pequeña oración. En el mes de octubre, esta acción se ve reforzada con el rezo de un misterio del Santísimo Rosario (¡que por algo somos Dominicos!)

Tanto en estas reflexiones matinales como en las clases de Religión se incide mucho en los diferentes tiempos litúrgicos del año. Los domingos que inician estos períodos litúrgicos nos reunimos toda la Comunidad Educativa para celebrar la Eucaristía. Nuestra maravillosa iglesia se llena de familias en el comienzo de curso, en el Adviento, en la Navidad, en la Cuaresma y en la Pascua. Y, además, en tiempo Ordinario, celebramos la Eucaristía de Difuntos, la Infancia misionera, el Día de la Paz y, en mayo, especialmente dedicada a la Virgen María.

De todo ello dejamos constancia en los paneles de corcho de las extensas galerías del colegio, para que todos podamos recordarlo. Las clases trabajan en ello para dejar expresado lo más característico cada mes.

Pero de lo que más orgullosos estamos es de la participación de toso nuestros alumnos en las distintas campañas solidarias. Todos los profesores hablamos y animamos a los alumnos a ser conscientes de las ventajas de vivir en el primer mundo. Tratamos de que sean conscientes de lo que podemos hacer desde aquí para tratar de ayudar a los demás, de cerca y de lejos. El DOMUND, la Campaña del Banco de Alimentos, la Infancia misionera, el Bocadillo Solidario es nuestra Cena Dominicana del Hambre, en la que participa todo el colegio, la Asociación de Padres incluida, es un momento de compartir para los menos favorecidos.

El colegio participa también en el Proyecto Vera Paz y con SOS África. Es un gran momento para llevar a la práctica lo escuchado en las clases. Aunque, en el caso de los mayores, rebeldes y críticos, nos toca debatir respecto a las diferencias y similitudes con las ONGs más conocidas del mundo y de España, es un buen momento para hacerles ver que es precisamente la Iglesia la que está con los pobres, la que trabaja en las zonas más peligrosas y desfavorecidas, la que no se retira nunca. Cierto es que los testimonios en primera persona ayudan, por eso tratamos de traer al colegio a participantes en estas labores.

Otro tipo de actividades que realizamos son las Convivencias Cristianas, en época de Cuaresma. Con ella tratamos de hacer reflexionar a los jóvenes sobre diversos aspectos a través de actividades no esencialmente académicas, como es el cine, en el caso de los alumnos mayores. Unos días antes de la Semana Santa interrumpimos durante un día las clases para vivir una jornada de reflexión. Los pequeños viven este día a través de juegos y debates. Los mayores visionan una película que incide en los valores más importantes respecto a Dios y al ser humano. Después realizan una pequeña excursión a la parroquia de El Pinar, donde compartimos la Eucaristía, un buen bocata y un montón de juegos.

Este curso, y como novedad, hemos comenzado a impartir Catequesis de Confirmación a los alumnos de 2º y 3º ESO. La acogida entre las familias ha sido fenomenal; los muchachos y muchachas se reúnen un día a la semana con el Padre Ramón con el objetivo de avanzar en su fe y en su educación cristiana. Es la intención del colegio mantener esta actividad y potenciarla.

No podemos olvidar el Grupo Cristiano de Senderismo. Alumnos de 3º, 4º, 5º y 6º de Primaria, junto con los de 1º y 2º ESO, realizan excursiones con el fin de, no sólo conocer parajes naturales bellísimos, si no de aprender que el esfuerzo en comunidad nos ayuda a conseguir llegar a la meta. La Eucaristía en plena naturaleza anima a los chicos y chicas a participar de manera diferente a como lo hacen habitualmente. Son más de 10 años los que venimos realizando esta actividad, que es compartida con las familias en la última excursión de cada curso.

En definitiva, más de 60 años transmitiendo los valores de Santo Domingo, y con este nuevo gran impulso que se nos ha dado con la construcción de las zonas deportivas, convertirnos en una referencia en la educación cristiana en nuestra ciudad.

                   

miércoles, 18 de octubre de 2017

S. MARTÍN DE PORRES SIGUE AYUDANDO A LOS MÁS NECESITADOS EN FILIPINAS, por Fr. Laurentino García OP

En la carta que Fr. Bruno Cadoré, OP, Maestro de la Orden de Predicadores, dirige a la Provincia de Nuestra Señora del Rosario al final de su visita a los ministerios de dicha provincia en el Oriente, hace alusión a la dificultad de la predicación directa del evangelio en China y recomienda las “obras de caridad y de misericordia que intentan aliviar el sufrimiento humano de diversas formas (lo que en el lenguaje secular se denominan ´obras sociales´) y que son formas elocuentes de predicar la misericordia de Dios. Estas obras sociales son una respuesta a las necesidades humanas, fortalecen las relaciones entre personas, siembran buena voluntad y preparan a la gente para escuchar más atentamente el evangelio.”

Es cierto que la situación religiosa, social y política en Filipinas es muy distinta de la de China, no obstante, la recomendación del Maestro de la Orden es válida también para Filipinas. En la situación de extrema pobreza y marginación que vive un alto porcentaje de la población, la predicación del evangelio es más elocuente si va acompañada de ´obras sociales´. Como dicen las Actas del capítulo general de Bolonia (capitulo II): “Las obras de misericordia corporales y espirituales son una predicación, porque proclaman el amor misericordioso de Dios.”

Desde el primer momento en que se instituyó el Vicariato fuimos conscientes de que teníamos una misión a largo plazo en Filipinas y que nuestro apostolado sería más efectivo uniendo al ministerio sacramental y docente el ministerio de obras sociales: aliviar los sufrimientos físicos y morales, buscar remedio a las necesidades humanas, mejorar las relaciones personales y sembrar buena voluntad. Decidimos seguir con nuestro trabajo tradicional en las parroquias y colegios y al mismo tiempo potenciar el servicio médico a través del hospital de caridad San Martín de Porres, comenzar un proyecto de viviendas sociales donde las familias pudieran vivir dignamente, instituir un fondo para becas de estudiantes pobres, y organizar un programa de ayuda que garantizara la alimentación básica de los estudiantes de las escuelas públicas dentro de la parroquia. En la misma línea de ‘obra social´ está la construcción de la granja que da trabajo a 15 empleados y la ayuda prestada a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en el establecimiento de sus dos residencias para ancianos en Filipinas.

Al hospital de Caridad de San Martín de Porres lo mantiene la Divina Providencia. Pero a veces la Providencia llega con retraso y la directora del hospital pide auxilio al Vicariato, donde la Providencia también trabaja. En cierta ocasión la Dra. Aleli Quirino me llamó para agradecer un donativo del Vicariato para cubrir una urgencia y me comentó: “En el hospital estamos muy agradecidos a la comunidad de Dominicos y a la parroquia. Pero vosotros también debéis estar agradecidos al hospital: la apreciación de los Padres por parte de la gente ha cambiado radicalmente. Ahora os miran con aprecio y respeto.” Estoy seguro que el mismo cambio ha tenido lugar en la apreciación de la gente por la religión.

En San Martín no solamente se dan prescripciones médicas, o se hacen radiografías, o se operan tumores. El hospital es una escuela de teología. Por muchos años se ha entretenido a los pacientes que esperaban su turno en las consultas con clases de catequesis. Una doctora ya jubilada con un carisma especial para compartir su fe y sus conocimientos dedicaba más de una hora diaria para impartir catequesis. Sabía mucho de religión, vivía profundamente su fe y tenía la virtud de saber comunicarse con los oyentes. Algunos de los empleados se unían a los pacientes para escucharla. Cuando ella faltó, una profesora de escuelas públicas y miembro del laicado dominicano la sustituyó.

La pequeña capilla del hospital está situada en el centro del edificio y es el centro de inspiración de todo el trabajo de caridad que se ejecuta en el hospital, que es mucho. Las estadísticas del año 2016 hablan de 2,922 pacientes ingresados y de 28,688 pacientes tratados en el hospital sin llegar a ser ingresados.

Nuestra primera becada, Lourdes, buscaba trabajo con la esperanza de compaginar el trabajo con el estudio. La ayudamos y terminó la carrera, quedando como profesora en el mismo centro donde estudió. Hoy es profesora en uno de los colegios de más renombre: La Salle, viviendo en una de las casas que hemos construido en Sta. Rosa. Lourdes dedica parte de su tiempo libre como catequista en la capilla de la urbanización Veracruz. Su agradecimiento es doble: por la ayuda recibida en sus estudios y por la oportunidad de comprar a precio accesible una casa donde comparte su vida con su madre y su hijo.

Hace unas semanas falleció a los 40 años uno de nuestros becados, dejando tres niños. Pertenecía a un grupo de becados de nuestro Colegio Aquinas que estaban muy unidos y han continuado la amistad a pesar de tener distintos trabajos. Los compañeros becados se han comprometido a responder por la educación de los tres huérfanos. Una forma bonita de agradecer la ayuda que ellos recibieron.

La parroquia del Santo Cristo subvencionó los cuatro años de carrera de cuatro chicas jóvenes que querían ser catequistas. La carrera está oficialmente reconocida y las habilita para enseñar en colegios públicos y privados. Solamente se las pedía enseñar luego en las escuelas públicas de la parroquia por un tiempo. Una de ellas dejó de enseñar al contraer matrimonio y fundar una familia. Las otras tres siguen fieles a nuestra parroquia, a pesar de que han recibido ofertas de escuelas públicas y privadas donde ganarían doble de lo que reciben. Aparte de la enseñanza en las escuelas, dedican la mañana del sábado y del domingo a dar catequesis a los niños que voluntariamente acuden a recibirla. Además, se encargan de preparar los cantos y la liturgia de la misa de los niños.

Son varios cientos los que han terminado carreras universitarias gracias al programa de becas del Vicariato. Los becados participan en las actividades de la parroquia mientras están estudiando. La mayoría de ellos siguen fieles a la parroquia colaborando como lectores, miembros de los coros, en organizaciones parroquiales y en programas especiales después de graduarse. Algunos contribuyen regularmente con donativos para el fondo de becas.  No les exigimos nada, lo hacen voluntariamente.

Para quienes hemos nacido en casa propia y vivido en habitación conventual de uso exclusivo no resulta fácil imaginarnos lo que significa vivir de renta, compartiendo baño y cocina con otros inquilinos, sin privacidad, en lugares malsanos, en ambientes degradados y rodeados de peligros de todo tipo. Las zonas de chabolismo de Manila son bien conocidas de todos. Y en este ambiente vivían muchos de nuestros feligreses y la mayoría de profesores y empleados. Los sueldos que recibían hace 27 años no les permitían soñar con una casa propia, aunque fuera humilde.

El Vicariato fue consciente de esta situación y estudió diversas alternativas para ofrecer a los empleados una vivienda digna. El Vicariato se adelantó a lo que nos recuerdan las Actas de Bolonia: que la confianza que Dios ha puesto en la Orden de Predicadores “requiere un encuentro confiado con el mundo, y responsabilidad y compromiso con las situaciones humanas de mayor vulnerabilidad.” Sin duda que la realidad en que vivían nuestros empleados era una situación humana de vulnerabilidad.

En la urbanización Veracruz, donde la mayoría de residentes son beneficiarios de nuestro plan de viviendas, se ha construido una capilla donde el párroco celebra misa los sábados, se han organizado Comunidades de Base, se ha formado un coro y se imparte catequesis para los niños y jóvenes. Todo ello fruto de la iniciativa de los residentes. Para muchos de los beneficiarios el hecho de poseer una casa en propiedad es una bendición muy especial de Dios a través de los Padres y muestran su gratitud ofreciendo su servicio en las actividades religiosas y en el cumplimiento responsable de sus obligaciones laborales.

Aunque la implementación de los proyectos sociales ha sido realizada por personas concretas, la comunidad ha jugado un papel decisivo en la planificación y en tomar las decisiones importantes. Sin su incondicional apoyo no se habrían podido realizar la mayoría de los proyectos. Y así lo han entendido los beneficiarios. De hecho, la mayoría de muestras de gratitud van dirigidas a la comunidad.

Es mucho lo que se ha hecho en la línea de obras sociales, pero es mucho más lo que queda por hacer. La comunidad que proyectó y ejecutó las obras sociales mencionadas está jubilada o a punto de jubilarse. Esperamos con confianza que la generación que reciba el testigo descubra las necesidades de la sociedad actual, elabore otro proyecto en respuesta a esas necesidades y encuentre el apoyo necesario para su implementación.

jueves, 21 de septiembre de 2017

SAINT PAUL SCHOOL (MACAO): PROYECTO PIONERO E INTEGRAL DE FORMACIÓN ESCOLAR Y CATÓLICA, por Fr. Alejandro Salcedo


Si bien cada misión en la que nuestros hermanos trabajan tiene su propia historia, propia identidad y cultura distintiva, la presencia dominicana aporta un elemento consistente y único en cada una de nuestras misiones.

A este respecto, mucho trabajo y muchos recursos se han comprometido a sustentar y desarrollar la identidad religiosa de nuestros colegios a nivel local, regional y provincial. De esto surge una comprensión más clara de que nuestros colegios son parte integral de la misión de la Provincia. Si bien el tamaño del cuerpo estudiantil y el currículo específico varían con cada colegio, el compromiso con una fuerte identidad católica imbuida del espíritu dominicano sigue siendo consistente. Claro también es el hecho de que es nuestra responsabilidad como comunidades escolares proporcionar un "espacio-hogar" donde los niños aprendan a conocer mejor a Dios, y donde están seguros en el conocimiento de que Dios ama a cada uno.

‘Saint Paul School’ o ‘Escola São Paulo’, como el colegio es conocido en este pequeño territorio chino de Macao, es uno de los siete colegios de la Diócesis de Macao y está dirigido por la Comunidad de los Santo Domingo de Macao. El Colegio tiene un lugar único en la historia de la educación en este territorio. Con una población de más de 3.000 estudiantes en sus tres niveles, Kindergarten, Primaria y Secundaria y con un cuerpo docente de más de 350 profesores, el Colegio de San Pablo es considerado como uno de los colegios con el programa educativo más avanzado de la zona. Como se cita en la página web de Microsoft y transcribo: “El colegio de San Pablo de Macao es el primer Colegio de la región de Asia que abandona la tiza y los libros de texto y adopta plenamente el e-learning en sus clases y programas educativos”.

Hoy en día, el Colegio San Pablo es el Colegio que sostiene uno de los mayores programas de una tableta por estudiante. El enfoque innovador del Colegio para el despliegue de ICT en semejante escala a través de su proyecto 'Aula 2012' ha recibido elogios de la prensa y expertos en el campo de la educación. Hasta la fecha, muchos colegios e instituciones de países vecinos como Japón, Corea, Singapur, Filipinas, Hong Kong, Shanghai y también de España y Estados Unidos han visitado el Colegio para compartir e intercambiar ideas sobre su modelo de implementación.

Igualmente ha sido este despliegue innovador de la inmersión de ICT en la educación y el empeño de preparar mejor a sus estudiantes para las exigencias del futuro lo que el 2 de Mayo del 2016 motivo a Sonic Foundry, Incn (líder global de integración de video en negocios, educación, salud y gobierno) a nombrar ganador al Colegio de San Pablo en el 12ºPremio Anual de Video Empresarial en la categoría de Uso Prolífico. Hay que hacer notar que la mayoría de las inscripciones en la competencia fueron de universidades y empresas privadas. El Colegio San Pablo fue la única entrada de colegios e igualmente la única inscripción fuera de los EE.UU.

Está claro que el Colegio San Pablo tiene una filosofía de la educación que es distintiva. Nosotros, creemos que un buen plan de estudios no solo tiene que ver con cómo aprenden los estudiantes y cómo se les enseña sino también con lo aprendido y lo que se enseña. En toda la comunidad del Colegio San Pablo, y en especial en los miembros de la Familia Dominicana que trabajan en el Colegio, los padres José Ángel López Legido, Athanasius Chan y el padre Alejandro Salcedo García al igual que en la hermana dominica Camino Chan están muy presentes las palabras del Papa Benedicto XVI en su discurso a la "Gran Asamblea" en la Universidad de St. Mary's, en su visita a Gran Bretaña en el año 2010: "Un buen colegio proporciona una educación redonda para toda la persona . Y una buena escuela católica, por encima de esto, debe ayudar a todos sus estudiantes a un conocimiento y seguimiento de Dios.”


En el Colegio la enseñanza de la fe católica es la base esencial para el desarrollo moral y espiritual de los estudiantes. El centro de la educación en el Colegio de San Pablo es su identidad católica. Esta identidad indica que la educación no se limita al refinamiento adecuado del intelecto, sino que debe permitir el carácter de toda la persona mediante la formación moral y la participación íntima en una comunidad católica. La instrucción formal de clases de religión y/o ética, la integración de los valores evangélicos en el currículum, la oración diaria durante la asamblea matutina forma parte del horario diario estudiantil al igual que la asistencia a las celebraciones religiosas como Navidad, Semana Santa, el rezo del Rosario durante los meses de mayo y octubre. La facultad y el personal reciben capacitación en el servicio de la doctrina católica, asisten con los estudiantes a las celebraciones religiosas, acuden a retiros y para aquellos que lo desean conocer más de cerca nuestra fe participan en la educación continuada y en la formación de la fe.

Una fe sin obra es una fe muerta, por eso, en el Colegio de San Pablo se alienta a los estudiantes y a todo el cuerpo facultativo y auxiliar a desarrollar sus propias vidas personales de oración y a participar en proyectos de servicio social, llegando a los necesitados. La Asociación de Estudiantes en sus tres niveles de enseñanza trabaja en estrecha colaboración con la dirección del Colegio para proporcionar programas de enriquecimiento. Además de los servicios sociales voluntarios que se prestan semanalmente en diferentes instituciones de la sociedad de Macao, tres principales eventos de recaudación de fondos se llevan a cabo anualmente para ayuda al necesitado. Durante el tiempo de Cuaresma las diferentes asociaciones de estudiantes implementan el proyecto ‘no bocadillo’ en el cual los estudiantes y personal del Colegio, de forma voluntaria, se privan del bocadillo o galletas de media mañana y donan su cuantía a Caritas Macao para financiar algunos de sus proyectos. Los otros dos programas, el ‘Día del Bazar’ y el ‘Día sin Uniforme’ sirven para recaudar fondos para la ayuda al ‘Projecto Spedify (espedify.org) y continuar con la edificación de escuelas en las zonas más necesitadas de China y la mejora de la necesidades más necesarias y vitales como son construcción de casas y el suministro de agua potable y luz eléctrica.

La visión del Colegio San Pablo es asegurar que nuestros estudiantes reciban una educación holística. Lo que sucede fuera del aula es un complemento de lo que tiene lugar dentro de la clase. Por esta razón las actividades extracurriculares son consideradas como una extensión del aula. El Colegio promueve la participación en una de las 83 actividades diferente en las áreas como discusión, escritura creativa, arte, música y drama, danza y toda la gama de deportes desde una edad temprana ya que en el Colegio San Pablo las actividades tienen sentido y los deportes se juegan con un propósito. A través de las actividades extracurriculares nuestros jóvenes músicos, actores, pintores, cantantes o atletas mediante la capacitación y la enseñanza de calidad, desarrollan la disciplina y la confianza necesarias para ser líderes en la vida.

Es imposible capturar la energía que hace que el Colegio San Pablo sea verdaderamente especial a través de las imágenes y descripciones cortas de nuestros programas. Por eso te invitamos a que explores nuestra página web (espaulo@esp.edu.mo) nos conozcas más de cerca y formes parte de la familia del Colegio de San Pablo.


miércoles, 13 de septiembre de 2017

PARROQUIA EN SALIDA: ACOGER, ESCUCHAR, COMPRENDER EN S. JUAN MACÍAS, CÁCERES (ESPAÑA), Fr. Julio Saavedra

A raíz de la Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium” del Papa Francisco, se han acuñado “expresiones nuevas” que recogen inquietudes seculares. Se habla ahora de “Iglesia en salida”; se habla de la necesidad de pasar de una Iglesia de mantenimiento a una Iglesia de puertas abiertas; de la necesidad de no excluir a nadie; de que se necesita un Pueblo de Dios con el corazón abierto a la acogida, al acompañamiento, a una proximidad que ayude a un trato personalizado para hacer presente el anuncio del Evangelio. Y se resume todo este elenco de necesidades hablando de una “Iglesia en salida” con las puertas abiertas para acoger y recibir, escuchar y comprender, proponer y acompañar y, al mismo tiempo, para salir a buscar.

La exhortación comienza de modo muy personal con un “ahora mismo” que nos interpela a todos: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar, ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar con él” (EG 3).

Y nos podemos preguntar, la salida ¿a dónde? A las periferias, dice el Papa. Algunos hablan de periferias geográficas: los países más pobres de África, Hispanoamérica o Asia, los lugares más pobres de nuestra patria - en cada provincia, barrio…- y periferias existenciales: las de los nuevos tipos de pobreza y exclusión por motivos de raza, género, enfermedad, religión, instrucción…

En nuestra Diócesis de Coria-Cáceres estamos en tiempo sinodal, en la parroquia también. Y hay una constante reflejada en las diversas propuestas que van surgiendo y que, con otras palabras, hablan de esta necesidad de tener “una iglesia en salida”. Propuestas que piden una mayor participación de todos en la edificación de esta Iglesia nuestra: el conocer mejor nuestra diócesis, nuestra parroquia; el prepararnos adecuadamente para una mejor vivencia de nuestra fe; el comprometernos en el funcionamiento global de la Iglesia…

En nuestra parroquia de San Juan Macías, situada en un barrio joven de la ciudad de Cáceres, hay un pequeño grupo de fieles sensibilizados y comprometidos con esta participación en este intento de vivir la fe. Pero también, al ser un barrio joven, muchos han llegado de aluvión a la ciudad y siguen teniendo sus raíces en los pueblos, con lo que nos encontramos con una realidad paradójica: gran existencia de niños para recibir los primeros sacramentos del bautismo y comunión y poca asistencia a misa los domingos, sobre todo cuando coincide alguna fiesta o “puente” en los fines de semana.

Podemos “presumir”, según comentan algunos curas del arciprestazgo, de tener el mayor número de niños bautizados en un año, pasamos del centenar y de tener cuatrocientos cincuenta niños en los tres cursos de catequesis de preparación para la Primera Comunión; pero el presumir se acaba aquí pues el número se reduce casi a la nada una vez que la han recibido. Para la confirmación hay dos grupitos de adolescentes y jóvenes; grupitos que serían la envidia en otras parroquias pero que, en ningún caso, puede servir de consuelo en la nuestra.

Sí hay muy buena respuesta de los niños y sus padres en algunas celebraciones que organizamos a nivel de parroquia o de diócesis. El festival de “Sembradores de estrellas” antes de la Navidad o el Encuentro diocesano de infancia en el mes de abril son motivos para la convivencia entre niños y catequistas de la ciudad y los pueblos de la diócesis. A nivel de parroquia hay que destacar tres fechas significativas por orden cronológico y en las que tiene una participación destacada la Cofradía dominicana del Stmo. Cristo de la Victoria: el Vía Crucis organizado por la cofradía de la parroquia y que recorre algunas de las calles de nuestro barrio. Este año los niños han portado una cruz dominicana desnuda y la imagen “mini” del Stmo. Cristo de la Victoria, titular de la cofradía.

El Corpus dominicano también lo celebramos con gran asistencia de niños que han hecho ese año la Primera Comunión vestidos con sus trajes de “comunión”. Comenzamos con una misa en el patio de la parroquia y, a continuación, procesión con el Santísimo por las calles del barrio. Las andas con la custodia la portan los jóvenes, aunque los mayores no pueden resistirse a no sentirse ellos también protagonistas. Por último, la solemnidad de nuestra patrona la Virgen del Rosario con triduo en su honor y misa solemne y procesión por las calles del barrio en el domingo más cercano a la fiesta. El año pasado “estrenamos” una imagen de la Virgen del Rosario, donada por una familia feligresa y que este año ha salido en procesión, junto a su Hijo Resucitado, por las calles de la ciudad de Cáceres.

No podemos olvidar la otra cara de la realidad parroquial, tal vez menos llamativa y espectacular, pero más reconfortante en esa “iglesia en salida”. Es la labor caritativa realizada por el grupo de voluntarios de Cáritas. Hay muchas familias en el barrio que están sufriendo en sus carnes la crisis económica. Familias jóvenes con niños y castigadas por el paro. Aquí en la parroquia encuentran acogida y ayuda, a veces económica para pagar la luz, el agua… y otras veces en alimentos para poder llegar a final de mes.

Merece mención especial nuestro “Coro San Juan Macías” que ameniza y acompaña todas las celebraciones parroquiales y es habitual en la misa de niños de los domingos. También es muy solicitado por otras parroquias, cofradías e instituciones y resalta su presencia en Navidad en varias residencias de mayores o en la cárcel para compartir un poco de alegría en esas fechas tan entrañables. 


Todo esto nos puede ayudar a tomar conciencia de que la Iglesia (la parroquia) somos todos los que formamos parte de esa gran familia de los hijos de Dios. Que debemos renovar, ahora mismo, nuestro encuentro personal con Jesucristo. Y que, para un cristiano, está prohibido esa expresión: “ahora no puedo, quizás algún día…”.