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sábado, 20 de enero de 2018

LA VACA DE SHAHONGKOU (CHINA), Fr. Jose Ángel López Legido


Nuestra primera contribución en Yunnan, provincia de China, no fue para construir una escuela nuestra, sino para ayudar a la construcción de una escuela del Gobierno.

Shahongkou es una aldea situada en lo alto de una montaña. Solo es accesible siguiendo un sendero muy complicado que, en tiempos de lluvia, es absolutamente intransitable para coches. Yo la conocía porque la había visitado ya en dos ocasiones. En una de ellas los aldeanos nos invitaron a cenar con ellos. Pusieron la comida en una mesa completamente negra de la suciedad, y limpiaron los palillos que íbamos a usar para comer con un trapo tan negro y sucio como la mesa. Lishu, mi acompañante, y yo nos miramos y recuerdo que le dije: “No digas absolutamente nada. Comeremos lo que nos pongan porque no debemos rechazar su hospitalidad”. No puedo decir que la comida fuera exquisita, pero sí puedo decir que, a pesar de la suciedad, ni tuvimos dolores de estómago ni diarrea.

Shahongkou disponía ya de una escuela, completamente en ruinas, así que necesitaban una nueva, y así se lo habían solicitado al Gobierno. Y el Gobierno, después de muchas gestiones, aprobó la escuela nueva, pero pedía al pueblo una contribución de 40.000 RMB (5.159 €), dinero que debían aportar todas las familias. Pero para ellos el reunir tal cantidad de dinero era absolutamente imposible, ya que cada familia solo veía unos 100 RMB (equivalente a unos 10 euros) al año.

Así que recaudé el dinero en Macao y lo llevé a Yunnan. Aproveché también la ocasión para llevar a representantes de nuestro colegio DE en Macao a Shahongkou para que vieran la situación en vivo y en directo y nos ayudaran a concienciar al resto de profesores y alumnos sobre la necesidad de ayudar a los Miao de Yunnan. Llevé un total de 6 personas: 2 estudiantes, 2 padres de estudiantes y 2 profesores.

La visita les impresionó. Nunca habían visto nada así. Lo que más les impresionó fue la suciedad de los niños, debido a la escasez de agua, y también el modo que usaban para recolectar el agua de lluvia, un método muy parecido al que usaban los romanos en la antigüedad.

Visitando a las familias y sus hogares, entraron en una casa donde solo habitaba una mujer mayor, que estaba sumida en un llanto incontrolable y desgarrador. Preguntamos la razón y nos dijeron que la vaca que tenía se había muerto. La vaca es la posesión más preciada para los Miao. Es imprescindible para poder trabajar en los campos situados en las pendientes de las montañas con un desnivel de más del 30%. Para los Miao, la vaca es considerada como un miembro más de la familia, y duerme todas las noches en la misma y única habitación del dueño y de su familia. Sin la ayuda de la vaca, es imposible plantar y recolectar en el campo, y sin la cosecha es imposible vivir. Simplemente, y hablando sin dramatismo, la señora se estaba enfrentando al hambre y a una miseria aún mayor de aquella en la que ya estaba inmersa.

Le dimos palabras de ánimo y también rezamos por ella, no con ella porque no paraba de llorar. Era imposible el consuelo y todos lo entendíamos. Una vida ya de por sí durísima, se iba a convertir en mucho más dura por la muerte de la vaca.

Entonces uno de los estudiantes hizo una pregunta clave: ¿Cuánto cuesta una vaca? Nos lo dijeron. Era el equivalente a varios años de ingresos para los Miao. Pero la pregunta encendió la esperanza y la solidaridad. Sin decirles una sola palabra, cada uno de los estudiantes, padres y profesores fue poniendo sobre la mesa todo lo que podían: 50 RMB, 100 RMB, 200 RMB (25€). Yo los estaba observando con la piel de gallina, porque estaba siendo testigo de una escena maravillosa y de una expresión de amor, de solidaridad y de humanidad impresionante. Cómo no, yo también hice mi contribución, mayor que la de los demás en cantidad, pero igual a la de ellos en cariño. Reunimos lo suficiente para comprar una buena vaca y también para que comprara comida y medicinas.

El viaje fue, pues, un éxito: no solo hicieron turismo y visitaron lugares desconocidos, sino que también recibieron una clase importante de “exposición a la realidad del mundo” que, estoy seguro, va a serles de mucho provecho en su vida futura. Seguro que jamás olvidarán la mirada sorprendida y agradecida de la señora a la que ayudamos, como yo tampoco la olvido.

Este es el objetivo que perseguimos: no se hace nada pidiendo dinero y entregando dinero. Es necesario algo más profundo. Por una parte, queremos intentar educar y formar la mentalidad de los alumnos y demás personas que tienen relación con nosotros en Macao, ciudad rica, donde hay de todo y donde se desperdicia tantísimo. Creemos que esto es una parte esencial de la educación de nuestros estudiantes en valores. Pero también es imprescindible acompañar a las personas en necesidad, ponerse a su altura, visitar sus casas, compartir su comida y pobreza, mirarles a los ojos no desde arriba sino desde su mismo nivel porque esto crea esperanza, paso primero y esencial para futuras fases de desarrollo.

Lo sucedido en este viaje nos iluminó para decidir el lema de SP Edify: “Ayudando y creando esperanza”. Al ofrecer una mano amiga siempre estamos creando esperanza, humanidad, solidaridad y justicia, a la vez que ayudamos a reducir complejos de superioridad o inferioridad tanto por parte del que da como por parte del que recibe. Todos salimos beneficiados de ello, aunque yo sigo creyendo que nosotros recibimos mucho más de lo que damos.

Y esto también nos ayudó a tomar la decisión de explorar la zona, ver dónde se nos podía necesitar más y comenzar a construir nuestras escuelas en esos lugares. Pero, bueno…. eso ya lo dejamos para capítulos posteriores.

jueves, 14 de diciembre de 2017

CHINA: NO ES CARIDAD. ES JUSTICIA, Fr. Jose Ángel López Legido


Seguro que con la frase del título ya tengo a los exégetas, moralistas, etc. en mi contra, pero, antes de juzgarme, permítanme primero comenzar a relatar mi experiencia como administrador del proyecto educacional y caritativo de SP Edify en la provincia de Yunnan (China), mediante la construcción de escuelas y proyectos de desarrollo social.
 
La primera vez que fui allí fue en 2001. La zona es preciosa desde el punto de vista turístico, pero durísima desde el punto de vista humano. Está habitada por miembros de la minoría étnica Miao, también conocidos como Hmong.
 
Una familia amiga china había oído hablar de la zona y de lo difícil de la situación allí, así que me animaron a ir con ellos a hacer una primera visita exploratoria. Pero nada de lo que me había dicho esta familia me había preparado para recibir el primer impacto emocional cuando pude ver la situación por mí mismo.
 
Es difícil imaginar que, ya en el siglo XXI, pueda haber zonas sin agua, sin electricidad, sin carreteras, sin médicos y, por supuesto, sin escuelas. Para empeorar las cosas, los Miao que residen allí son ilegales (allí los llaman “gente negra, lugares negros”) simplemente por haber emigrado a esta área sin el permiso de las autoridades, por lo que sufren una gran discriminación no solo por parte del resto de minorías étnicas de la zona, sino también por parte de las autoridades.
 
Solo como botón de muestra de la pobreza y situación humana de los Miao allí, transmito el siguiente testimonio personal del P. Lucio Gutiérrez, quien me acompañó en una ocasión, que “no había visto pobreza igual en ningún lugar en toda la vida, y eso que había pasado más de 30 años en Filipinas…”
 
Recuerdo perfectamente el interés con el que fuimos visitando a las familias, viendo sus condiciones de vida, escuchando sus relatos de enfermedades, maltrato y, en definitiva, de su impresionante pobreza. Era fácil ver posibilidades para hacer algo por ellos, porque cualquier cosa que se hiciera ya sería un gran servicio a aquella comunidad. Hacer algo a partir de cero no es difícil. También era fácil ver cómo nos miraban: primero con recelo porque no sabían la intención de nuestra visita, pero después de saber que estábamos intentando ayudarles, su mirada y actitud cambió y se podían palpar las expectativas que generaba nuestra visita. Nos miraban casi como dioses dispuestos a hacer algún “milagro”, o como magos dispuestos a sacar algo nuevo de la chistera.
 
Lo que no sabían ellos era lo que esta visita estaba generando dentro de nosotros mismos, hecho que se puso de manifiesto claramente en las casi 4 horas de coche el viaje de vuelta. Nos habían metido en crisis, tanto a la familia china (cristianos nuevos), como a mí mismo. Pasamos muchos kilómetros en completo silencio, solo roto por algún comentario aislado que no era bienvenido por nadie, porque todos queríamos hablar de algo más profundo, pero ninguno nos decidíamos a comenzar… hasta que comenzamos.
 
¡Qué fácil es sentirse importante cuando yo soy el que da o puede dar y el otro es el que recibe!, ¡Qué gratificante es poder decir “voy a hacer esto por ti, voy a darte esto”, cuando yo soy el que tiene todo y la otra persona carece hasta de lo más imprescindible!, ¡qué fácil es crear una situación de dependencia humana en un trato humano que, de este modo, es de total injusticia!
 
Y, sin embargo, ¿qué es lo que nos diferencia a ellos y a nosotros? No somos diferentes en nada. Ni ellos han hecho nada para merecer la situación en la que se encuentran, ni nosotros nos hemos merecido vivir como vivimos. La diferencia radical entre ellos y nosotros es que ellos han nacido allí y nosotros hemos nacido en un país diferente, en un lugar diferente, en una familia diferente.
 
Si yo hubiera nacido en Zhangpojiao (unos de los lugares en los que trabajamos) estaría también con la cara y la ropa sucia porque no tendría agua para lavarme, no sabría ni leer ni escribir porque no tendría oportunidad ni dinero para ir al colegio, comería exactamente la misma comida todos los días del año, etc., etc. Solo la fortuna nos diferencia y, en esto, ni nosotros somos merecedores de la nuestra, ni ellos son culpables de la suya. Dependemos de la cama en la que nacemos, y eso no lo hemos elegido nosotros.
 
Esto nos hace cristiana y humanamente responsables de hacer algo por ellos, no por el hecho de hacer caridad, en el sentido de darles una dádiva, sino por puro sentido de justicia que nos obliga a compartir lo que tenemos con los que no lo tienen, a redistribuir lo que Dios nos ha regalado con aquellos que, por desgracia, no tienen ni aquello que nosotros desecharíamos.
 
El proyecto social y educativo de SP Edify está, por tanto, basado en un profundo sentido de justicia y de generosidad y esto lo inculcamos a todos los profesores y estudiantes del Colegio San Pablo de Macau, quienes son los principales colaboradores del proyecto. Cada día se insiste más en que la solidaridad entre los seres humanos no es opcional, es obligatoria. Esto asocia la solidaridad con la justicia.
 
Aparte de esto, doy testimonio de que, en esta relación con los Miao, creo que hemos recibido mucho más de lo que hemos contribuido. Hemos recibido verdaderas lecciones de humanidad, de cómo una persona puede ser feliz en la pobreza, y también verdaderas lecciones de fortaleza de fe, de lo que realmente significa poner la vida en las manos de Dios.
 
Nuestra relación ha sido y es hoy día una relación en la que todos hemos salido ganando. Pero es mi opinión que nosotros hemos ganado aún más que ellos. ¿No es también injusto?
 
En posteriores entregas, iremos relatando todo lo referente a SP Edify, lo que hemos hecho, las dificultades que hemos encontrado, etc.

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OBJETIVO AMANECER: ESCUELAS DE LA ESPERANZA
Pagar el salario de un profesor a lo largo de un año completo, es decir, esperamos llegar, con la ayuda de nuestros lectores, amigos y simpatizantes a reunir, antes del 31 diciembre de este año la cantidad de 2.124 euros.

Puedes colaborar con este proyecto enviando la cantidad que estimes oportuna -más abajo tienes el número de cuenta- a nuestra entidad bancaria, especificando en la transferencia “Escuela Daoming”.

También puedes donar en persona en cualquiera de nuestras casas, conventos, colegios o parroquias, señalando el mismo destino: “Escuela Daoming”.

AMANECER se encargará de hacer llegar los donativos al Colegio San Pablo de Macao.

SP Edify se financia EXCLUSIVAMENTE de donaciones recibidas y garantiza que el 100% de las cantidades donadas son usadas exclusivamente en el proyecto. Todos los gastos de administración corren a cargo del Colegio San Pablo.



jueves, 16 de noviembre de 2017

EL DESAFÍO DE FORMAR JÓVENES MISIONEROS EN MACAO, por Fr. Javier González OP


Macao, ese histórico rincón del Lejano Oriente que para muchos hoy evoca aventura, casinos, luces, glamour y juego… tiene, para nosotros dominicos, un significado muy distinto: es ante todo un lugar… ¡con sabor a misión! 



Viene siendo costumbre para mí en los últimos años dar un curso de un mes en la Universidad de San José, en Macao. Es una invitación anual (a veces semestral) que acepto con gusto porque me brinda la oportunidad de enseñar, práctica muy ligada a nuestro carisma dominicano.  Tanto es así que se ha convertido para mí en una pequeña experiencia de predicación.

 
Mis clases tienen lugar en el antiguo Seminario de San José, un edificio majestuoso, ligado a la historia de la Iglesia en Asia y a las misiones de China continental.

 
Cada mañana, con mi ordenador al hombro, camino desde nuestro convento de Santo Domingo al Seminario. Es un paseo agradable por las angostas calles de lo que hasta hace poco fue colonia portuguesa. A mi paso por el casco histórico de la ciudad dejo a un lado la catedral, las ruinas de San Pablo, la iglesia de Santo Domingo, el Leal Senado y otros edificios coloniales, cuya belleza y ubicación me obligan invariablemente a levantar la vista y contemplarlos. Por un momento me sacan de mis pensamientos y me recuerdan dónde estoy.

 
Mirando la fachada de la Iglesia de Santo Domingo, la más antigua de Macao, me quedo admirado de su hermosura; pero aún más me cautiva el embrujo de su entorno: imagino a frailes dominicos en sus hábitos entrando y saliendo desde 1587, fecha en que se terminó su construcción, supervisada por tres dominicos españoles. Me adentro en ella y veo por doquier símbolos dominicanos (Santo Domingo, la Virgen del Rosario, emblemas, etc.) que la convierten para mí en algo entrañable, algo mío, que me hace sentir en casa.

 
¡Qué privilegio para nosotros, dominicos, estar hoy en Macao! Una presencia soñada por nuestros mayores, algunos todavía conocidos por mí, que murieron sin poder entonar su nunc dimittis, algo que hoy sí hubieran hecho con emoción si hubieran visto nuestro estudiantado con jóvenes de distintos países en su hábito dominicano, estudiantes preparándose para ser misioneros tras la huella de Domingo de Guzmán…

 
Pensando en esos jóvenes y mirando al reloj subo la empinada cuesta que conduce al Seminario. Pronto aparece ante mis ojos la forja de la entrada.  Dentro del patio están ya algunos estudiantes, los más madrugadores, esperando la llegada de sus profesores y el comienzo de las clases. Algunos de ellos son nuestros hermanos dominicos; otros, diocesanos o de alguna congregación; hay también aspirantes dominicas de varias nacionalidades, sobre todo de Myanmar y de Timor Leste… En total, un puñado todos ellos, no muchos. Me alegra ver sus caras sonrientes. Saben que están preparándose para su futura misión de predicadores. Al acabar sus estudios irán a distintos países, pero “enviados”, que es lo que les convierte en misioneros.

 

Durante la clase tratan de mantener su atención: la mayoría lo logra, bien sea tomando notas o haciendo preguntas; a algún otro le cuesta concentrarse. Es comprensible que a veces no puedan impedir a su mente volar a sus países y pensar en sus seres queridos: padres, hermanos, amigos, casa y tierra que allá dejaron… Pero estos jóvenes misioneros han hecho una opción en su vida; y su vista está puesta en el horizonte. El estudio, las clases, los libros…, son bártulos imprescindibles en su camino.

 

A media mañana hacemos una pausa. Es hora de cambiar de aire y de tomarnos un café junto con algunos otros estudiantes y profesores. Después reanudamos la clase hasta el mediodía. “¿Qué les quedará de esta experiencia académica?”, me pregunto. Y me respondo: Olvidarán seguro lo que han oído en clase, pero les quedará un poso de conocimientos que luego se traducirá en cultura, en competencia, en libertad, en autoconfianza. Junto con un recuerdo imborrable: ¡los años estudiantiles no se olvidan!

 

Es tiempo para mí de volver a casa para reunirme con mi comunidad, descansar un poco y preparar las clases del día siguiente. Cuesta abajo, diviso por encima del contorno colonial grandes edificios con nombres de hoteles, casinos (¡estamos en la meca del juego!) y la inconfundible Torre de Macao, desde cuya cima (338 metros) muchos aficionados encuentran sus delicias en arrojarse al vacío sabiendo que antes de tocar el suelo una cuerda va a permitirles repetir la proeza. Dicen que el thrilling de la caída causa adicción.  Yo desde luego no pienso darle una oportunidad. 

 

En mi camino hacia casa el adoquinado de las callejuelas céntricas de la ciudad, en subida y bajada, me trae memorias de héroes, de mártires, de tantos misioneros que las cruzaron en su camino hacia China para difundir el evangelio. El rastro de San Francisco Javier, fallecido a 60 kilómetros de esta ciudad, sigue visible. Mis pensamientos ahora vuelven a su cauce: a mi vida, a la clase de mañana, a los correos electrónicos que esperan respuesta, a los retos acuciantes que hoy tiene la Orden… Todo aparece urgente e importante. Pero para mí nada lo es tanto como el momento presente: esta experiencia humilde y sencilla de estar un tiempo en Macao formando jóvenes, futuros misioneros, predicadores del Evangelio que a su tiempo serán enviados por el mundo. Son hoy un grano de mostaza que Dios está haciendo germinar; una pequeña siembra que tenemos que regar…

 

Al compartir esta experiencia pienso en los jóvenes lectores de AMANECER, algunos tal vez con inquietud vocacional: ¿alguien se apunta a esta aventura misionera? Pienso también en mis hermanos dominicos, algunos con horizontes ya casi apagados: ¿por qué no darle una nueva oportunidad a nuestra fe y a nuestra vida consagrada? ¿Por qué no dejarle a Dios que transforme nuestras actividades diarias en pequeñas historias de predicación?

jueves, 21 de septiembre de 2017

SAINT PAUL SCHOOL (MACAO): PROYECTO PIONERO E INTEGRAL DE FORMACIÓN ESCOLAR Y CATÓLICA, por Fr. Alejandro Salcedo


Si bien cada misión en la que nuestros hermanos trabajan tiene su propia historia, propia identidad y cultura distintiva, la presencia dominicana aporta un elemento consistente y único en cada una de nuestras misiones.

A este respecto, mucho trabajo y muchos recursos se han comprometido a sustentar y desarrollar la identidad religiosa de nuestros colegios a nivel local, regional y provincial. De esto surge una comprensión más clara de que nuestros colegios son parte integral de la misión de la Provincia. Si bien el tamaño del cuerpo estudiantil y el currículo específico varían con cada colegio, el compromiso con una fuerte identidad católica imbuida del espíritu dominicano sigue siendo consistente. Claro también es el hecho de que es nuestra responsabilidad como comunidades escolares proporcionar un "espacio-hogar" donde los niños aprendan a conocer mejor a Dios, y donde están seguros en el conocimiento de que Dios ama a cada uno.

‘Saint Paul School’ o ‘Escola São Paulo’, como el colegio es conocido en este pequeño territorio chino de Macao, es uno de los siete colegios de la Diócesis de Macao y está dirigido por la Comunidad de los Santo Domingo de Macao. El Colegio tiene un lugar único en la historia de la educación en este territorio. Con una población de más de 3.000 estudiantes en sus tres niveles, Kindergarten, Primaria y Secundaria y con un cuerpo docente de más de 350 profesores, el Colegio de San Pablo es considerado como uno de los colegios con el programa educativo más avanzado de la zona. Como se cita en la página web de Microsoft y transcribo: “El colegio de San Pablo de Macao es el primer Colegio de la región de Asia que abandona la tiza y los libros de texto y adopta plenamente el e-learning en sus clases y programas educativos”.

Hoy en día, el Colegio San Pablo es el Colegio que sostiene uno de los mayores programas de una tableta por estudiante. El enfoque innovador del Colegio para el despliegue de ICT en semejante escala a través de su proyecto 'Aula 2012' ha recibido elogios de la prensa y expertos en el campo de la educación. Hasta la fecha, muchos colegios e instituciones de países vecinos como Japón, Corea, Singapur, Filipinas, Hong Kong, Shanghai y también de España y Estados Unidos han visitado el Colegio para compartir e intercambiar ideas sobre su modelo de implementación.

Igualmente ha sido este despliegue innovador de la inmersión de ICT en la educación y el empeño de preparar mejor a sus estudiantes para las exigencias del futuro lo que el 2 de Mayo del 2016 motivo a Sonic Foundry, Incn (líder global de integración de video en negocios, educación, salud y gobierno) a nombrar ganador al Colegio de San Pablo en el 12ºPremio Anual de Video Empresarial en la categoría de Uso Prolífico. Hay que hacer notar que la mayoría de las inscripciones en la competencia fueron de universidades y empresas privadas. El Colegio San Pablo fue la única entrada de colegios e igualmente la única inscripción fuera de los EE.UU.

Está claro que el Colegio San Pablo tiene una filosofía de la educación que es distintiva. Nosotros, creemos que un buen plan de estudios no solo tiene que ver con cómo aprenden los estudiantes y cómo se les enseña sino también con lo aprendido y lo que se enseña. En toda la comunidad del Colegio San Pablo, y en especial en los miembros de la Familia Dominicana que trabajan en el Colegio, los padres José Ángel López Legido, Athanasius Chan y el padre Alejandro Salcedo García al igual que en la hermana dominica Camino Chan están muy presentes las palabras del Papa Benedicto XVI en su discurso a la "Gran Asamblea" en la Universidad de St. Mary's, en su visita a Gran Bretaña en el año 2010: "Un buen colegio proporciona una educación redonda para toda la persona . Y una buena escuela católica, por encima de esto, debe ayudar a todos sus estudiantes a un conocimiento y seguimiento de Dios.”


En el Colegio la enseñanza de la fe católica es la base esencial para el desarrollo moral y espiritual de los estudiantes. El centro de la educación en el Colegio de San Pablo es su identidad católica. Esta identidad indica que la educación no se limita al refinamiento adecuado del intelecto, sino que debe permitir el carácter de toda la persona mediante la formación moral y la participación íntima en una comunidad católica. La instrucción formal de clases de religión y/o ética, la integración de los valores evangélicos en el currículum, la oración diaria durante la asamblea matutina forma parte del horario diario estudiantil al igual que la asistencia a las celebraciones religiosas como Navidad, Semana Santa, el rezo del Rosario durante los meses de mayo y octubre. La facultad y el personal reciben capacitación en el servicio de la doctrina católica, asisten con los estudiantes a las celebraciones religiosas, acuden a retiros y para aquellos que lo desean conocer más de cerca nuestra fe participan en la educación continuada y en la formación de la fe.

Una fe sin obra es una fe muerta, por eso, en el Colegio de San Pablo se alienta a los estudiantes y a todo el cuerpo facultativo y auxiliar a desarrollar sus propias vidas personales de oración y a participar en proyectos de servicio social, llegando a los necesitados. La Asociación de Estudiantes en sus tres niveles de enseñanza trabaja en estrecha colaboración con la dirección del Colegio para proporcionar programas de enriquecimiento. Además de los servicios sociales voluntarios que se prestan semanalmente en diferentes instituciones de la sociedad de Macao, tres principales eventos de recaudación de fondos se llevan a cabo anualmente para ayuda al necesitado. Durante el tiempo de Cuaresma las diferentes asociaciones de estudiantes implementan el proyecto ‘no bocadillo’ en el cual los estudiantes y personal del Colegio, de forma voluntaria, se privan del bocadillo o galletas de media mañana y donan su cuantía a Caritas Macao para financiar algunos de sus proyectos. Los otros dos programas, el ‘Día del Bazar’ y el ‘Día sin Uniforme’ sirven para recaudar fondos para la ayuda al ‘Projecto Spedify (espedify.org) y continuar con la edificación de escuelas en las zonas más necesitadas de China y la mejora de la necesidades más necesarias y vitales como son construcción de casas y el suministro de agua potable y luz eléctrica.

La visión del Colegio San Pablo es asegurar que nuestros estudiantes reciban una educación holística. Lo que sucede fuera del aula es un complemento de lo que tiene lugar dentro de la clase. Por esta razón las actividades extracurriculares son consideradas como una extensión del aula. El Colegio promueve la participación en una de las 83 actividades diferente en las áreas como discusión, escritura creativa, arte, música y drama, danza y toda la gama de deportes desde una edad temprana ya que en el Colegio San Pablo las actividades tienen sentido y los deportes se juegan con un propósito. A través de las actividades extracurriculares nuestros jóvenes músicos, actores, pintores, cantantes o atletas mediante la capacitación y la enseñanza de calidad, desarrollan la disciplina y la confianza necesarias para ser líderes en la vida.

Es imposible capturar la energía que hace que el Colegio San Pablo sea verdaderamente especial a través de las imágenes y descripciones cortas de nuestros programas. Por eso te invitamos a que explores nuestra página web (espaulo@esp.edu.mo) nos conozcas más de cerca y formes parte de la familia del Colegio de San Pablo.


jueves, 22 de junio de 2017

ESCUELAS DE LA ESPERANZA: PROYECTO COOPERACIÓN ESCOLAR EN YUNNAN (CHINA) ***

En 2001, el Colegio San Pablo de Macao, gestionado por los dominicos de la Provincia del Santo Rosario inició un proyecto de cooperación para mejorar la educación de los niños en una zona remota de la provincia de Yunan, sureste de China, no muy lejos de Birmania. Con el paso de los años, gracias a la ayuda de la Asociación SP Edify creada en torno al propio Colegio San Pablo y liderada por el P. Alejandro Salcedo OP y el P. Jose Ángel Legido OP, entre otros, ha consolidado este proyecto de cooperación con la construcción de cuatro Escuelas de la Esperanza.

La población local, de la etnia miao, sobreviven en condiciones muy duras. Algunos de sus poblados están casi fuera del mundo civilizado, sin agua ni luz, sin nada de lo califica a una sociedad civilizada, sin atención médica y sin educación. A los problemas de ser considerados ilegales, lo que les priva de ciertos servicios estatales, se suma que ajenos a la tradicional política gubernamental del hijo único la media de vástagos por familia es de 6 o 7 niños, lo que dificulta aún más las condiciones sanitarias, el acceso a la educación y la seguridad alimentaria.

SP Edify ha construido 4 escuelas primarias, cuyas diferentes etapas puedes ver en esta excelente grabación [ENLACE VIDEO], entre 2004 y 2010. En los últimos 10 años, más de 1.000 niños han recibido educación gratuita. En la actualidad, alrededor de 250 niños reciben educación en las escuelas construidas con la solidaridad de la comunidad escolar de Macao, pero también de donaciones de otros países.

Como dicen los alumnos de San Pablo: “Nosotros sabemos que somos muy afortunados por vivir en Macao y poder trabajar y estudiar en el colegio San Pablo. También reconocemos que hay muchos niños que no son tan afortunados como nosotros. Sentimos que tenemos la responsabilidad de hacer lo que podamos para contribuir al bienestar de los niños menos afortunados de nuestro propio país. Este deseo de ayudar a nuestros compatriotas es lo que nos ha llevado a crear SP Edify”. Zhangpojiao se encuentra en el cruce de Kaiyuan y Jianshui.

La comunicación es muy rudimentaria, algunas zonas son únicamente transitables por caminos de montaña por lo que para llegar a algunas aldeas se necesitan 6 o 7 horas en vehículos todo terreno. En nuestro [ÁLBUM FOTOS] puedes ver una amplísima panorámica de las condiciones de vida en la zona, las escuelas, las costumbres y la cultura tradicional. Para la población local, el transporte consiste en lo que el hombre pueda cargar y el caballo pueda arrastrar.

Las aldeas son muy pequeñas. Así, uno de los pueblos cuenta con 15 familias, aproximadamente 50 niños y son todos emigrantes de otros lugares. Los recursos son muy limitados, a lo que hay que añadir la sequía que se ha producido últimamente, la tierra es muy estéril, por lo que la producción de alimentos es baja y la cosecha no llega casi a cosecha de subsistencia, esencialmente cultivo de maíz.

Las aldeas cercanas están muy alejadas unas de otras, por lo que los niños de ciertos pueblos casi nunca han tenido la oportunidad de ir al colegio. En algunas aldeas solo hay un anciano que sabe leer, y él, cuando tiene tiempo, enseña algo de lectura a los niños. La clase consiste en colgar una pizarra en la parte de afuera de la puerta de una casa, y la mesa es un tablero de madera sujetado a unas raíces. Debido a que estas familias pertenecen a la categoría "gente negra, familias negras" (inmigrantes ilegales). En la mayoría de las aldeas no existe el registro familiar oficial, por lo que no pueden beneficiarse de educación obligatoria. Incluso sufren discriminación social. Si van a una escuela regular, tienen que pagar 300 yuanes por año de matrícula. Así que en muchos pueblos los niños apenas si asisten a las escuelas.

A través de “Amanecer” queremos contribuir, no importa la cantidad, pequeña o grande, para que en las escuelas construidas para los jóvenes de Zhangpojiao, Mataipo, Hongpotou y Pingtoushan se imparta la enseñanza en condiciones adecuadas y de manera continuada. Al encontrarse en una zona tan remota, una de las dificultades principales es la disponibilidad de maestros.

De ahí que resulte esencial pagarles un salario digno y mejorar las condiciones de vida y trabajo del profesorado en la zona. Los sueldos van aumentando, y si no se les paga una cantidad suficiente, simplemente se van a hacer otro trabajo. La necesidad urgente, en este momento, no es edificar más escuelas, sino proteger al profesorado que actualmente no está lo suficientemente pagado.

El gasto anual de profesores para las cuatro escuelas ronda los 35.000€. El salario de cada profesor es diferente y depende del número de años que lleva trabajando en la escuela. El salario mensual medio de un profesor equivale a unos 177 €.

OBJETIVO AMANECER: ESCUELAS DE LA ESPERANZA

Pagar el salario de un profesor a lo largo de un año completo, es decir, esperamos llegar, con la ayuda de nuestros lectores, amigos y simpatizantes a reunir, antes del 31 diciembre de este año la cantidad de 2.124 euros.

Puedes colaborar con este proyecto enviando la cantidad que estimes oportuna -más abajo tienes el número de cuenta- a nuestra entidad bancaria, especificando en la transferencia “Escuela Daoming”.

También puedes donar en persona en cualquiera de nuestras casas, conventos, colegios o parroquias, señalando el mismo destino: “Escuela Daoming”.

AMANECER se encargará de hacer llegar los donativos al Colegio San Pablo de Macao.

SP Edify se financia EXCLUSIVAMENTE de donaciones recibidas y garantiza que el 100% de las cantidades donadas son usadas exclusivamente en el proyecto. Todos los gastos de administración corren a cargo del Colegio San Pablo.





*** Cada número de AMANECER va a promover y solicitar, de todos sus lectores, amigos y simpatizantes su solidaridad y colaboración humanitaria con un proyecto muy específico gestionado o relacionado con la actividad de los dominicos de la Provincia del Santo Rosario en alguno de los cuatro continentes en donde desarrollan su actividad pastoral, misionera y social.