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miércoles, 22 de noviembre de 2017

SOBRE MI PREDICACIÓN: TAMBIÉN SE PUEDE SER MISIONERO ITINERANTE A LOS 80 AÑOS, Fr. Chus Villarroel OP

Me piden compartir alguna experiencia del tipo de predicación que yo realizo. Entre los distintos areópagos -me hace gracia la palabra- en que nos dividen a los predicadores de la provincia para dar testimonio, a mí me han colocado entre los itinerantes que van un poco por libre. Así lo entiendo yo. Voy a hacerlo con mucho gusto.

Desde hace unos cuarenta años vengo pidiendo a mis superiores que me dejen libre para una predicación itinerante. Lo he conseguido ahora a los ochenta, cuando casi no me puedo mover. No me quejo, pienso que hicieron bien. Así he tenido que pasar por una serie de cargos como prior, párroco, maestro de estudiantes, un profesorado continuado y otras cosas menores que me han hecho mucho bien y me han dado experiencia teniendo que cargar con el peso de otros.
 
Sin embargo, con más o menos libertad de movimientos siempre he cultivado la predicación. Lo de la libertad siempre ha sido un anhelo. Ahora mismo estoy temblando porque sólo me permiten novecientas palabras y ya llevo ciento ochenta y dos. Mi predicación ha sido de ejercicios espirituales, charlas, conferencias, novenas etc., en los más diversos foros. A excepción de los jesuitas, creo que no queda ninguna Orden o congregación de cierto peso en la que no haya predicado, en su parte masculina o femenina o en ambas.

Lo que me ha pasado es que casi en ninguna parte donde he predicado me han vuelto a llamar con lo que he podido llegar a más sitios. Las superioras siempre me han pedido que exhortara a sus monjas a ser buenas y a cumplir las constituciones cosa que yo no he hecho. Iba, más bien, a una conversión más profunda. Para ello he predicado un evangelio que pone en cuestión nuestra instalación y aburguesamiento. He proclamado desde el kerigma a un Jesús vivo, resucitado, que actúa en nosotros por medio de su Espíritu Santo.

Donde más he predicado, con otros doce compañeros dominicos, ha sido en la Renovación carismática que es una corriente de gracia en la Iglesia ya con cincuenta años de recorrido. De esos cincuenta, he estado unido a ella algo más de cuarenta y eso me ha permitido hacer camino, entender lo que es un pueblo en marcha y, por tanto, una predicación no sólo comunitaria sino en continuo crecimiento y profundización. Por esa razón me he visto obligado a formular, tarea muy dominicana, muchas de las experiencias nuevas que teníamos a la vista en ese caminar, escribiendo libros y renovando cada día la palabra predicada. Todo lo que he predicado, en lo que llevamos de siglo, lo he grabado por exigencias del mismo pueblo a quien sirvo, de tal manera que, en este momento, sin contar la predicación en la parroquia, ya llevo grabadas en Mp3 unas treinta gigas, lo cual significa al menos cerca de un millar de charlas.

Pienso que una palabra que no crea comunidad no acerca suficientemente a Jesucristo. Y eso sucede con el pueblo y con el predicador. De todo esto uno no sabe nada hasta que no va sucediendo con el paso del tiempo. Pienso que la obra del Espíritu Santo es lenta y respeta las condiciones tanto del predicador como las del pueblo que se está formando. Estoy convencido, eso sí, de que todo dominico que acierte con el lugar adecuado para ejercer el oficio de predicador va a recibir el carisma de la predicación, y no sólo me refiero a los frailes sino también a las monjas y a los terciarios, cada uno a su manera, pero identificándose por una unción de base que se puede retrotraer hasta el mismo Santo Domingo. A mí la predicación, sobre todo la de los carismáticos por hacerse en comunidad y pueblo, me ha hecho descubrir el carisma de la predicación.

La santa predicación de Jesucristo que ejercía Santo Domingo es ahora más urgente que en su tiempo. Entonces había que formar la fe a causa de los herejes y por eso la predicación dominicana era doctrinal pero ahora ha desaparecido la fe en muchos y vivimos en una cultura pagana con lo que la predicación doctrinal ya no hace diana y debe ser cambiada por una kerigmática mucho más incisiva. Ahora no se trata de formar o convencer sino de quebrantar los corazones endurecidos por el ateísmo y el racionalismo. Ahora el Espíritu Santo tiene que implicarse más en la tarea.

Para mí la predicación ha sido dura porque la he centrado en el tema de la gratuidad de la salvación en Cristo Jesús. La suerte es que he tenido varios compañeros dominicos con los que he caminado y llevado el tema adelante. Fuera de eso he tenido que sufrir denuncias y acusaciones por doquier y sobre todo la incomprensión generalizada. El Papa actual en una homilía en Santa Marta el 15 de octubre de 2015 dijo que la doctrina de la gratuidad de la salvación en Cristo Jesús es la verdadera. Con este apoyo pienso que pronto irá cambiando todo.

En estos últimos años lo hago a través de videos en YouTube y en diversas páginas web y digitales. La experiencia es buenísima. Por los testimonios que recibo de todo el mundo, me doy cuenta que la predicación hoy día tiene posibilidades infinitas. Solo me quedan trece palabras: te deseo, lector, que encuentres una buena predicación en tu vida.

jueves, 21 de septiembre de 2017

SAINT PAUL SCHOOL (MACAO): PROYECTO PIONERO E INTEGRAL DE FORMACIÓN ESCOLAR Y CATÓLICA, por Fr. Alejandro Salcedo


Si bien cada misión en la que nuestros hermanos trabajan tiene su propia historia, propia identidad y cultura distintiva, la presencia dominicana aporta un elemento consistente y único en cada una de nuestras misiones.

A este respecto, mucho trabajo y muchos recursos se han comprometido a sustentar y desarrollar la identidad religiosa de nuestros colegios a nivel local, regional y provincial. De esto surge una comprensión más clara de que nuestros colegios son parte integral de la misión de la Provincia. Si bien el tamaño del cuerpo estudiantil y el currículo específico varían con cada colegio, el compromiso con una fuerte identidad católica imbuida del espíritu dominicano sigue siendo consistente. Claro también es el hecho de que es nuestra responsabilidad como comunidades escolares proporcionar un "espacio-hogar" donde los niños aprendan a conocer mejor a Dios, y donde están seguros en el conocimiento de que Dios ama a cada uno.

‘Saint Paul School’ o ‘Escola São Paulo’, como el colegio es conocido en este pequeño territorio chino de Macao, es uno de los siete colegios de la Diócesis de Macao y está dirigido por la Comunidad de los Santo Domingo de Macao. El Colegio tiene un lugar único en la historia de la educación en este territorio. Con una población de más de 3.000 estudiantes en sus tres niveles, Kindergarten, Primaria y Secundaria y con un cuerpo docente de más de 350 profesores, el Colegio de San Pablo es considerado como uno de los colegios con el programa educativo más avanzado de la zona. Como se cita en la página web de Microsoft y transcribo: “El colegio de San Pablo de Macao es el primer Colegio de la región de Asia que abandona la tiza y los libros de texto y adopta plenamente el e-learning en sus clases y programas educativos”.

Hoy en día, el Colegio San Pablo es el Colegio que sostiene uno de los mayores programas de una tableta por estudiante. El enfoque innovador del Colegio para el despliegue de ICT en semejante escala a través de su proyecto 'Aula 2012' ha recibido elogios de la prensa y expertos en el campo de la educación. Hasta la fecha, muchos colegios e instituciones de países vecinos como Japón, Corea, Singapur, Filipinas, Hong Kong, Shanghai y también de España y Estados Unidos han visitado el Colegio para compartir e intercambiar ideas sobre su modelo de implementación.

Igualmente ha sido este despliegue innovador de la inmersión de ICT en la educación y el empeño de preparar mejor a sus estudiantes para las exigencias del futuro lo que el 2 de Mayo del 2016 motivo a Sonic Foundry, Incn (líder global de integración de video en negocios, educación, salud y gobierno) a nombrar ganador al Colegio de San Pablo en el 12ºPremio Anual de Video Empresarial en la categoría de Uso Prolífico. Hay que hacer notar que la mayoría de las inscripciones en la competencia fueron de universidades y empresas privadas. El Colegio San Pablo fue la única entrada de colegios e igualmente la única inscripción fuera de los EE.UU.

Está claro que el Colegio San Pablo tiene una filosofía de la educación que es distintiva. Nosotros, creemos que un buen plan de estudios no solo tiene que ver con cómo aprenden los estudiantes y cómo se les enseña sino también con lo aprendido y lo que se enseña. En toda la comunidad del Colegio San Pablo, y en especial en los miembros de la Familia Dominicana que trabajan en el Colegio, los padres José Ángel López Legido, Athanasius Chan y el padre Alejandro Salcedo García al igual que en la hermana dominica Camino Chan están muy presentes las palabras del Papa Benedicto XVI en su discurso a la "Gran Asamblea" en la Universidad de St. Mary's, en su visita a Gran Bretaña en el año 2010: "Un buen colegio proporciona una educación redonda para toda la persona . Y una buena escuela católica, por encima de esto, debe ayudar a todos sus estudiantes a un conocimiento y seguimiento de Dios.”


En el Colegio la enseñanza de la fe católica es la base esencial para el desarrollo moral y espiritual de los estudiantes. El centro de la educación en el Colegio de San Pablo es su identidad católica. Esta identidad indica que la educación no se limita al refinamiento adecuado del intelecto, sino que debe permitir el carácter de toda la persona mediante la formación moral y la participación íntima en una comunidad católica. La instrucción formal de clases de religión y/o ética, la integración de los valores evangélicos en el currículum, la oración diaria durante la asamblea matutina forma parte del horario diario estudiantil al igual que la asistencia a las celebraciones religiosas como Navidad, Semana Santa, el rezo del Rosario durante los meses de mayo y octubre. La facultad y el personal reciben capacitación en el servicio de la doctrina católica, asisten con los estudiantes a las celebraciones religiosas, acuden a retiros y para aquellos que lo desean conocer más de cerca nuestra fe participan en la educación continuada y en la formación de la fe.

Una fe sin obra es una fe muerta, por eso, en el Colegio de San Pablo se alienta a los estudiantes y a todo el cuerpo facultativo y auxiliar a desarrollar sus propias vidas personales de oración y a participar en proyectos de servicio social, llegando a los necesitados. La Asociación de Estudiantes en sus tres niveles de enseñanza trabaja en estrecha colaboración con la dirección del Colegio para proporcionar programas de enriquecimiento. Además de los servicios sociales voluntarios que se prestan semanalmente en diferentes instituciones de la sociedad de Macao, tres principales eventos de recaudación de fondos se llevan a cabo anualmente para ayuda al necesitado. Durante el tiempo de Cuaresma las diferentes asociaciones de estudiantes implementan el proyecto ‘no bocadillo’ en el cual los estudiantes y personal del Colegio, de forma voluntaria, se privan del bocadillo o galletas de media mañana y donan su cuantía a Caritas Macao para financiar algunos de sus proyectos. Los otros dos programas, el ‘Día del Bazar’ y el ‘Día sin Uniforme’ sirven para recaudar fondos para la ayuda al ‘Projecto Spedify (espedify.org) y continuar con la edificación de escuelas en las zonas más necesitadas de China y la mejora de la necesidades más necesarias y vitales como son construcción de casas y el suministro de agua potable y luz eléctrica.

La visión del Colegio San Pablo es asegurar que nuestros estudiantes reciban una educación holística. Lo que sucede fuera del aula es un complemento de lo que tiene lugar dentro de la clase. Por esta razón las actividades extracurriculares son consideradas como una extensión del aula. El Colegio promueve la participación en una de las 83 actividades diferente en las áreas como discusión, escritura creativa, arte, música y drama, danza y toda la gama de deportes desde una edad temprana ya que en el Colegio San Pablo las actividades tienen sentido y los deportes se juegan con un propósito. A través de las actividades extracurriculares nuestros jóvenes músicos, actores, pintores, cantantes o atletas mediante la capacitación y la enseñanza de calidad, desarrollan la disciplina y la confianza necesarias para ser líderes en la vida.

Es imposible capturar la energía que hace que el Colegio San Pablo sea verdaderamente especial a través de las imágenes y descripciones cortas de nuestros programas. Por eso te invitamos a que explores nuestra página web (espaulo@esp.edu.mo) nos conozcas más de cerca y formes parte de la familia del Colegio de San Pablo.


miércoles, 19 de julio de 2017

PREDICAR, PREDICAR Y PREDICAR EN ARGENTINA: TAMBIÉN EN MEDIO DE LA MISERIA, Fr. Adalberto Izquierdo

En el año 1965, terminó el Concilio; en el 66, fui ordenado yo. Años postconciliares de muchísima esperanza, pero también de mucha convulsión y arena movediza, mucha crisis, mucha marejada, y tantísimos naufragios de presbíteros, y vocaciones religiosas.

Desde este puerto zarpó mi nave de presbítero, y por este mar navegaron mis inicios de ministerio. Que, aun reconociendo el respaldo de la Orden, y el esmero de los formadores, la sensación siempre fue la de estar embarcado en una cáscara de nuez: sin rumbo, ni velas, ni timón; puros remos, mar por delante, y a la conquista de futuro y de logros indefinidos.

El naufragio no se hizo esperar, casi nada más arrancar.  La verdad es que, los remos y madera de esta nave, que soy yo mismo, siempre fueron, -y siguen siendo- demasiado débiles, y de escasa valía. Esa es la pura verdad.

Pero, en fin: la fidelidad y la misericordia de Dios, quisieron que no me fuera a pique definitivamente. Desorientado y naufragado hasta la médula, en este mar borrascoso, -ni doy, ni quiero dar detalles-, apareció, a la vera de mi situación personal, una barquichuela de aspecto y bagaje bien poco significativos en aquel momento, fue absolutamente providencial para mi vida.

Quiso Dios que, desde aquella insignificante barca, se me lanzara una soga, gritándome y gritándome, una y otra vez, y mil veces, con amor e interés, a veces, casi, con desesperación, que me agarrara a esa soga, QUE NO ME SOLTARA DE ELLA POR NADA DEL MUNDO, QUE ELLA ME SALVARÍA. Y ASÍ FUE.

Esa soga fue el KERYGMA: LA PREDICACIÓN-PROCLAMACIÓN DE JESUCRISTO: MUERTO - RESUCITADO - KYRIOS -y- ESPÍRITU VIVIFICANTE- (Pentecostés).

Era el mismo Jesucristo, quien, a través de los Iniciadores del Camino Neocatecumenal: Kiko Argüello y Carmen Hernández, me buscó, y me salvó. Era el Único que lo podía hacer, y lo hizo. Me dio la Vida, se me dio Él Mismo.

Hoy sigo vivo, gracias a su Misericordia, navegando, y haciendo con otros, lo que otros hicieron conmigo. Y estoy contento y, profundamente agradecido a Dios, de estar desgastándome y entregando mi vida por este KERYGMA. No he sabido, ni sé hacer otra cosa: predicar, predicar, predicar. A tiempo y a destiempo. De mil formas y maneras, en lugares y a gente de lo más impensable. Lo he hecho con frailes compañeros, dos años sucesivos di los Ejercicios Espirituales, en S. Pedro Mártir, Alcobendas, presentes mis profesores; en Arcas Reales; en San Esteban, de Salamanca; al clero de Mérida, Cáceres. Lo he hecho en numerosos monasterios de contemplativas dominicas, y en otras comunidades religiosas dominicas y no dominicas.  Dentro y fuera de España. Casi siempre he repetido.

Nunca, en mi predicación, me aparté del KERYGMA, comenzara por donde comenzara: primeros capítulos del Génesis, Abraham, Éxodo y Alianza como base del Misterio Pascual de Jesucristo: El KERYGMA.

Hoy lo sigo haciendo en Argentina, pero en otra dinámica: menos itinerante de acá para allá, y más centrado en la Iniciación Cristiana Postbautismal de Adultos, formando parte de un Equipo de Familias -dos- en Misión, y un seminarista.

Estamos en una VILLA MISERIA. Una especie de favela brasileña, o suburbio muy marginal, en España. Presbítero del equipo, y párroco de la VILLA.

Vivo día y noche, dentro de ella, bien enrejado ahora, después de varios asaltos, pero compartiendo su vida, y su ambiente, que es feo, sucio e inhóspito; a veces, nauseabundo; no pagamos agua ni luz; nos enganchamos al poste de luz más cercano, o nos empalmamos a la goma, o mangueras de agua, que haya en los callejones, normalmente mezcladas con las aguas embalsadas, o con las de desecho de las propias chabolas. Cuando llueve es un auténtico drama.

No tenemos calles ni plazas. La población vive en chabolas, en un enorme laberinto de pasillos y callejones, de por sí siniestros, y, a partir de cierta hora, intransitables y muy peligrosos. No hay casa donde no haya pistola o revólveres.

Aquí no entran los servicios sociales: correos, policía, etc. Y, lógicamente, no hay dónde se pueda dar un paseo o tomar un café.

Hay, eso sí, numerosas bandas de jóvenes, y no tan jóvenes, y chicos sueltos, viviendo a la deriva y sin porvenir, sumergidos en la droga, el alcohol, el robo, el asalto habitual a casas y personas, para sobrevivir.

¿Y este es mi..., mi... AREÓPAGO ? Bueno, pero sin monumentos a los dioses, ni citas de filósofos. En todo caso, aquí sigo predicando el KERYGMA, y con más provecho que S. Pablo en el de Atenas. 

Y genial. No hay cosa más maravillosa y gozosa. Hacer presente a Jesucristo Resucitado, la única solución de Dios para al hombre, pobre o rico, de cada generación, raza, cultura, o frontera.

Es la obra humano-divina de amor, justicia, solidaridad y misericordia, mayor y más importante, que se pueda realizar en la tierra. Pues el hombre, el de antes y el de ahora, esté donde esté, es Adán. Y Adán, sin Jesucristo, sigue estando desnudo, muerto, herido, e indefenso.  Se cubra de lo que se cubra, o le cubramos de lo que le cubramos. El Maligno dispone de él (Hb. 2, 14-16).

Yo he visto llorar a chicos, que me han asaltado varías veces, y tirado las puertas a patadas, esquilmado la casa y pegarme...; y me han abrazado y, alguno de ellos, pedido perdón, cuando han ido sabiendo que nunca les he denunciado, ni dado cuenta a la policía; que les he visitado en la cárcel, o, cuando baleados o heridos, al hospital; y les he podido ofrecer un amor distinto, el Amor gratuito de Jesucristo. Uno escucha ciertas frases de ellos, que te animan profundamente. Le decía uno, emocionado, a su compañero de habitación, en el hospital, y con una bala incrustada todavía en la clavícula: "al padre le hemos hecho daño, y ahora viene a vernos...". Otro, en un corro callejero, sentados, decía: "el padre es el único que nos quiere bien, en la VILLA...". Se dejan oír cosas preciosas, de verdad. Claro que, también, hace un año, exactamente el Domingo de Ramos, un individuo, iban dos, me soltó un tiro de revolver a los pies, -menos mal que no apuntó a otra parte- por resistirme a "darle el reloj, y lo que llevara encima". Le dije que sí no veía que era el cura de la VILLA. Me dijo "qué cura ni qué mierdas". Un tipo villero, sí señor: la necesidad y la droga, no hacen distinción de personas. Y estas cosas aquí, o las metes en el programa, o tienes que marcharte. Y corto.

La fe viene por la Predicación. La Predicación: predicar a Jesucristo, El Evangelizador, el Predicador del Reino de Dios, y Fuente Visible de la Buena Noticia para el hombre, es, sencillamente, impresionante. Estrictamente divino.

Santo Domingo de Guzmán, fundador de los Frailes Predicadores: LA PREDICACIÓN, EL KERYGMA, tarea de los Apóstoles, de S. Pablo, del propio Jesucristo: ¡ahí es nada...! ¿Hay algo más grande que esto bajo el sol...?

Gracias, Jesucristo, por envejecer predicando. Y gracias, Santo Domingo, por ser el fundador de los frailes predicadores, entre los cuales me considero.


lunes, 22 de mayo de 2017

DOMINICOS: FUNDADOS PARA PREDICAR, por Fr. Felicísimo Martínez OP

Santo Domingo, Iglesia Arcas Reales (Valladolid)
Ya terminó el año jubilar de la Orden. Fue un año de acción de gracias y de júbilo. El Congreso internacional para la misión de la Orden fue una explosión de alegría de los participantes: por encuentro de las distintas ramas de la Familia Dominicana, por la enorme riqueza de los ministerios que los hermanos y hermanas desempeñan a lo largo y ancho del mundo, por la satisfacción de constatar la actualidad del carisma dominicano después de 800 años. El Jubileo y el Congreso concluyó con la Eucaristía presidida por el Papa Francisco, que invitó de nuevo a la Orden a ser “sal de la tierra y luz del mundo” mediante una vida evangélica y mediante la predicación del Evangelio. Se celebró la Eucaristía en la basílica de San Juan de Letrán, precisamente donde fue confirmada la Orden.

Al final, nos ha quedado la eterna pregunta: “Y ahora, ¿qué?”. Es la misma pregunta que nos formuló nuestro provincial de entonces, el P. Guillermo Tejón, cuando terminó el centenario de la fundación de la Provincia en una carta cuyo título era exactamente ese: “Y ahora, ¿qué?”.  Pues ahora entramos en el “tiempo ordinario”, que es el más largo, el de la vida cotidiana, el de los humildes ministerios de los hermanos y hermanas, el del trabajo callado de las comunidades.

Durante el jubileo todas las ramas de la Familia Dominicana han recordado el propósito original de la fundación en el siglo XIII: “para trabajar en la salvación de esta humanidad por el ministerio de la predicación”.  Este era el propósito original: colaborar en la salvación integral de los hombres y mujeres de todos los tiempos. Y este era el ministerio específico con el cual Domingo quiso que él y su Familia Dominicana colaboraran a esa salvación integral de la humanidad: el ministerio de la predicación, la predicación de Jesucristo, el anuncio explícito del Evangelio.

Con frecuencia se suscita en las comunidades dominicanas el debate o la discusión sobre la cuestión siguiente: “¿Qué ministerios son dominicanos y cuáles no lo son?”. Normalmente la sangre no llega al río, pero ciertamente a veces los debates se hacen fuertes. En estas conversaciones se oyen todo tipo de comentarios: “Ese ministerio no es dominicano”. “Pues yo te digo que lo que estoy haciendo es dominicano”.  “Este ministerio es tan dominicano como cualquier otro”. “Todos los ministerios son dominicanos”. De tal forma que a veces puede quedar la sensación de que el carisma dominicano, la identidad dominicana no preocupan o han quedado diluidos. Puede quedar la sensación de que no estamos claros sobre la misión específica de la Orden.

Por lo visto, la cuestión estaba ya presente en las comunidades en los tiempos del Concilio Vaticano II. Pocos años después del Concilio el P. Walgrave escribió un valioso libro haciendo una autocrítica de la vida y misión de la Orden. En su libro incluye ya esta cuestión. Pero corrige el enfoque y hace una propuesta significativa. Viene a decir: la verdadera cuestión no es qué apostolados son dominicanos y cuáles no lo son; la verdadera cuestión es que puesto ocupa la predicación o el anuncio explícito del Evangelio en los apostolados que desempeñan las comunidades dominicanas y sus miembros. Exacto. Este es el verdadero planteamiento, si nos atenemos al proyecto fundacional de Santo Domingo: “para colaborar en la salvación de esta humanidad mediante el ministerio de la predicación”.

Si nos atenemos a las crónicas del siglo XIII la decisión de Domingo tiene mucho trasfondo y mucho fondo. La Iglesia venía padeciendo una profunda crisis desde hacía algunos siglos. Era el momento de buscar solución a dicha crisis. Y en el aquel intento de reformar la Iglesia, se dividían las opiniones.

Unos pensaban que la solución había que buscarla poniendo todo el empeño en la reforma disciplinar, especialmente la reforma disciplinar de la jerarquía y del clero. Incluso algunos iban más lejos y consideraban como camino de reforma eclesial la cruzada contra herejes y disidentes.

S. Alberto Magno, obra de Antonio Martínez
(Iglesia Arcas Reales, Valladolid)
Por el contrario, Diego de Osma y Domingo de Guzmán consideraban que la verdadera reforma de la Iglesia sólo podría llegar si se fomentaba e intensificaba el ministerio de la predicación, el anuncio explícito del Evangelio. Y añadían: el ministerio de la predicación debe ir acompañado por una vida verdaderamente evangélica del predicador y de la comunidad predicadora. Esta fue la opción de Domingo. A esta opción obedece la fundación de una Nueva Orden de Predicadores. ¿Estaba Domingo en lo cierto? ¿Se puede reformar la Iglesia y colaborar en la salvación de la humanidad con la predicación? ¿Tan eficaz es la palabra del predicador por el simple hecho de anunciar el Evangelio? ¿Basta el anuncio explícito de Jesucristo? ¿No será más eficaz dedicarse a otros servicios más prácticos para sanar a esta humanidad herida?

Estas son cuestiones que tienen aún plena vigencia entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Incluso son cuestiones que se rumorean en nuestras propias comunidades. ¿Hemos perdido la fe en la eficacia de la palabra evangelizadora? ¿No será obligación de la Familia Dominicana hoy “salvar la Palabra” mediante el ministerio de la predicación? Este fue uno de los desafíos que resonó en el Congreso internacional sobre la misión de la Orden.

Precisamente con motivo del Jubileo estaba escribiendo el libro “Enviados a Predicar”. Sabiendo de mi afición a escribir, varios amigos y amigas me preguntaron: “¿En qué estás trabajando ahora? ¿Estás escribiendo algo?” Mi respuesta naturalmente era la siguiente: “Sí, estoy escribiendo un libro sobre la predicación”.  Quedé sorprendido ante las reacciones espontáneas y rápidas de algunas personas. Fueron reacciones del siguiente tono: “Por favor, quita esa palabra (“predicación”) de tu libro y, sobre todo, del título”. Pacientemente seguí preguntando: “¿Por qué he de prescindir de la palabra “predicación”?”. Y un amigo contestó: “Porque predicación suena a regañina, discurso vacío y convencional, intento, por parte del clero, de decir a las personas lo que tienen que hacer en su vida”. Respuestas y comentarios como estos son un síntoma claro de la crisis de la predicación, de la desconfianza frente a la palabra. Si eso es la predicación, ciertamente no va a contribuir mucho a la salvación, la liberación, la sanación de esta humanidad. Pero, ¿debe ser eso la predicación del Evangelio? ¿Debe sonar así el anuncio explícito del mensaje cristiano?

Dicho de forma más radical: ¿Tiene sentido seguir predicando el Evangelio? ¿Es necesaria la predicación del mensaje cristiano hoy en día? ¿No será más oportuno dedicarse a resolver los muchos problemas prácticos que tienen nuestros contemporáneos?

Es verdad que “obras son amores y no buenas razones”. También el dicho popular se puede aplicar a los predicadores. Esa verdad que hoy en día hay una serie de problemas en la sociedad que requieren soluciones prácticas y no simples discursos. Por ejemplo: el hambre y la desnutrición, las desigualdades en el mundo, la trata de personas, la migración, los refugiados, la violencia de género y toda clase de violencias, las múltiples violaciones de los derechos humanos etc. etc. etc. Pero no todos podemos hacerlo todos, ni todos estamos llamados a resolver todos los problemas del mundo.  Una buena organización en la sociedad y en la Iglesia consiste precisamente en una razonable y justa distribución de las tareas y las responsabilidades. ¿No será necesario que la Familia Dominicana asuma la tarea y la responsabilidad de seguir en el ministerio de la predicación? ¿No debe mantenerse firme en la misión del anuncio explícito del Evangelio? Se puede aceptar que todo es predicación, pero es preciso añadir: Lo específico de la predicación dominicana es llegar hasta el anuncio explícito del Evangelio. Es un ministerio que Pablo VI urgió con toda fuerza en su exhortación apostólica Evangelio Nuntiandi. Esto es como recordar a la Familia Dominicana su misión específica.

¿Por qué es necesaria hoy en día la predicación? En primer lugar, por la importancia que tiene la predicación en el origen de la comunidad cristiana. En el primer Pentecostés el punto de inflexión para tomar el camino de la fe cristiana es la predicación de Pedro, el anuncio de la muerte y la resurrección de Jesús en su primer sermón. “Al oír esto, dijeron (los oyentes) con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué hemos de hacer, hermanos? Pedro les contestó: Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, para remisión de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo…” (Hch 2, 37-38).  Por consiguiente, el proceso de origen y formación de la comunidad cristiana es el siguiente: predicación, escucha y conversión, bautismo para el perdón de los pecados.

Se entiende, pues, la importancia trascendental de la predicación. Ciertamente, es Dios quien abre “la puerta de la fe” (Hch 14, 27). Pero esto tiene lugar gracias a la predicación. Pablo insiste una y otra vez en la importancia decisiva de la predicación para el acceso a la fe. “Pero, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique?... Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, por la Palabra de Cristo” (Rm 10, 14-17). Por eso es necesaria la predicación. Cuando se considera la enorme ignorancia del Evangelio y el desconocimiento de la persona de Jesucristo que padecen la mayoría de los cristianos y, por supuesto, los no cristianos, ¿cómo no recuperar la mística dominicana de la predicación? Desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días la Iglesia no ha cesado de hablar de la prioridad de la evangelización o de la necesidad de una nueva evangelización. Es un órdago que afecta especialmente a la Familia Dominicana.

En segundo lugar, porque muchas personas hoy están necesitadas de encontrar sentido a sus vidas. El psicoanalista Viktor Frankl insistió de forma acertada en la importancia del sentido: “El drama fundamental del ser humano –afirmaba- no es la falta de placer, sino la falta de sentido. Sin placer –añadía- se puede vivir; sin sentido solo cabe el suicidio”. En contraste con estos pensamientos, los analistas de la cultura actual de la globalización y del bienestar insisten en que ésta es una cultura o incultura abundante en placer y escasa en sentido, abundante en política y escasa en mística.

Aquí tiene la predicación del mensaje evangélico una excelente oportunidad para prestar un servicio urgente a la humanidad. El Evangelio de Jesucristo es una fuente abundante de sentido. Es importante encontrar sentido el verdadero sentido del éxito y el fracaso en la vida humana. Es importante encontrar el verdadero sentido de la felicidad y del sufrimiento, del encuentro personal y de la soledad, de la vida y de la muerte. Y para ello ha de ser de gran ayuda el Evangelio, el conocimiento de Jesucristo. Aquí hay que descubrir la verdadera razón y la trascendental importancia de la predicación.

Fr. Felicísimo Martínez OP, autor de la entrada
También es cierto que la predicación o el anuncio del Evangelio deben acreditarse con la vida evangélica del predicador/ra y de la comunidad predicadora. Esta fue una convicción profunda de Santo Domingo a la hora de fundar la Nueva Orden de Predicadores. Él mismo renunció varias veces al episcopado y no lo hace ni por humildad personal, ni por falta de estima al ministerio episcopal. Lo hace porque está convencido de que la eficacia de la predicación del Evangelio está en la eficacia de la Palabra y en la acción del Espíritu. Y porque quiere acreditar la predicación del Evangelio con su vida evangélica y con la vida evangélica de la comunidad.  Resuena aquí aquella preocupación constante de San Pablo: “para no desacreditar el Evangelio”. ¡Cuántas veces sus actuaciones estaban inspiradas por esta preocupación de “no desacreditar el Evangelio!”.

Y también es verdad que la predicación debe realizarse sin invasión ni inhibición. Sin invasión, porque el predicador debe saber cuándo ha de hablar y cuándo ha de callar. Debe tener la paciencia para esperar el momento en el que incluso le pregunten las razones de su respetuoso silencio. Sin inhibición, porque quizá el interlocutor porque la experiencia nos dice que muchos miedos a entrar en conversación sobre asuntos religiosos y evangélicos, suelen ser falsos miedos. La mayoría de las personas agradecen hablar sobre las grandes preguntas de la vida. Y ahí el Evangelio tiene importantes palabras que decir.